jueves, 2 de febrero de 2012

La nueva era del cartel de Medellín ….La situación de violencia en la era de Pablo Escobar palidece frente la pesadilla que viven la mayoría de colombianos desde el comienzo de la era Uribe


Los crímenes y daños sociales, materiales y económicos causados al país por el narcotraficante Pablo Escobar son juego de niños comparados con los que ha cometido y sigue cometiendo Uribe y su cartel de narco paramilitares.
Es cierto que Pablo Escobar asesinó a cientos de colombianos, no solo agentes del estado sino a cientos de ciudadanos que no tenían nada que ver con sus negocios como narcotraficante, menos con la guerra que le declaró el gobierno. Una guerra en la que participaron no solamente el estado colombiano sino militares, agentes secretos y mercenarios del gobierno de EEUU, en alianza con mafias de otros carteles y con los paramilitares comandados por Carlos Castaño (las AUC), a quienes también les interesaba sacar del negocio al jefe máximo del cartel de Medellín.
La alianza, por supuesto, resulto exitosa. Luego de haber escapado del palacio que tuvo por prisión y que Cesar Gaviria le construyo en Envigado (la famosa catedral), Escobar fue asesinado y con su asesinato le hicieron creer, no solo a los colombianos sino a la comunidad internacional, que el cartel de Medellín había desaparecido.
Nada más distante de la verdad y realidad. Como algunos pocos incrédulos lo advirtieron en su momento, el escalamiento de la guerra contra Pablo Escobar  lo que produjo fue el fortalecimiento de  los carteles que ayudaron en la cacería de Pablo Escobar, del propio cartel de Medellín; y por supuesto, el fortalecimiento de los paramilitares congregados en ese entonces en las AUC. Evidencia de que la guerra no era contra el cartel de Medellín sino contra su jefe máximo  para contrarrestar la vergüenza que estaba viviendo el gobierno de Cesar Gaviria ante el mundo por los acuerdos de sometimiento, la construcción del palacio para su reclusión y su posterior burla con la fuga.
La furia desatada en contra de Escobar tenía también un valor simbólico importante para el gobierno de EEUU, pues con su asesinato el mensaje que pretendían enviarle al mundo era que, en su política de guerra contra las drogas, no había enemigos invencibles. Lo que muy pocos notan es lo selectivos que son al escoger a sus enemigos; bien sea que estos sean capos del narcotráfico o dictadores de países subyugados a sus intereses; a quienes sostienen o protegen hasta cuando ya no les sirven, o hasta cuando su doble moral e hipocresía se vuelve insostenible ante la comunidad internacional.
Los capos del cartel de Cali, por ejemplo, que en alianza con los paramilitares de Castaño, fueron los artífices de la muerte de Pablo Escobar, fueron luego también objeto de persecución y sometidos a la justicia gringa, aunque al final resultaron con penas menores si se comparan con las que les han impuesto a narcotraficantes de rango menor, incluso menores que las que han impuesto a personas capturadas en los aeropuertos con drogas en sus vientres.
El fortalecimiento de las AUC de Castaño, por el contrario, continúo en acenso y con la llegada de Alvaro Uribe a la gobernación de Antioquia, no solo se fortalecieron aun más sino que prácticamente fueron cobijados con una manto de legalidad, bajo la figura de las celebres Convivir. Este podría tomarse como el punto de partida del renacimiento/relanzamiento del cartel de Medellín, esta vez encubierto bajo distintas denominaciones dentro del programa de las Convivir y bajo el liderazgo de quien desde ese momento fuera identificado como su candidato  para ser presidente de la República, el reconocido “estadista” Alvaro Uribe Velez, quien paradójicamente era en ese entonces identificado como el narcotraficante No. 82 en los archivos del Departamento de Defensa de los EEUU.
De hecho, la nominación como futuro candidato presidencial no fue del todo nueva pues el mismo Pablo Escobar, en sus reuniones sociales y ferias caballistas no ahorraba elogios con el hijo aventajado de la familia Uribe Velez. Un muchacho de empuje, con mucho futuro político, son apenas algunas de las palabras elogiosas que dejó sembradas Pablo Escobar en la mente de su pariente Alvaro Uribe Velez . Y no se equivocó!
Lo que siguió al renacimiento o refundación del cartel de Medellín todo el mundo lo conoce o al menos lo ha vivido o padecido. Su jefe máximo se hizo a la presidencia de la Republica, lo re eligieron (y casi que lo re reeligen), se tomaron casi la mitad del congreso (y a muchos congresista no elegidos por ellos, luego los compraron), y parientes cercanos de Pablo Escobar se convirtieron en la mano derecha de su presidente y jefe.
Una vez en la Casa de Nariño sus socios no solo tenían que ser absueltos (o sancionados con penas irrisorias) por los horrendos crímenes que habían cometido sino que sus inmensas fortunas debían ser legalizadas. Pero como no todo es perfecto, presionado por la comunidad internacional, el jefe del cartel en funciones presidenciales se vio obligado a introducir cambios al acuerdo de impunidad negociado de antemano con sus socios (ley de justicia y paz, es el nombre oficial que le dieron a ese contubernio).
Como era de esperar, esos cambios fueron interpretados como un acto de traición por parte de sus socios y es entonces cuando estos empiezan a soltar denuncias que comprometían a hombres de confianza del presidente. Acosado y temeroso de no poder contrarrestar las denuncias en su contra, el narcopresidente optó  por la salida de extraditarlos a los EEUU, decisión que tomó en el transcurso de horas.  Plan B cuasi perfecto: cualquier denuncia que desde las cárceles de EEUU hicieran en su contra seria interpretada como una retaliación por haberlos extraditados.
Hay que agregar sin embargo, que la decisión de extradición tuvo el total respaldo del gobierno de EEUU, al punto que tuvieron que armarles expedientes de narcotráfico en cosa de horas. Todo por supuesto, a un costo muy alto para la soberanía territorial y económica del país. Si antes los gringos tenían enorme influencia en las decisiones políticas, sociales y económicas del gobierno colombiano, con el arrodillamiento al que sometieron a Uribe, se hicieron prácticamente al control absolutos del estado, su soberanía y sus recursos.  
Todo lo anterior para demostrar que los daños que el narco para expresidente Uribe le causó y sigue causando a la nación son infinitamente más grandes que los que sufrió el país durante la guerra contra su pariente y socio Pablo Escobar. Los horrendos crímenes cometidos por Pablo Escobar son una caricatura comparados con los cometidos por el  narcoparauribismo.  Además, en el caso de Uribe, a los crímenes de lesa humanidad, hay que sumarles los daños materiales, sociales, económicos y morales, los cuales, por su carácter ni siquiera han podido ser aun comprendidos en toda su dimensión.
Como ejercicio de memoria solo recordemos algunos de los mas execrables:

  • Mal contados, más de 2000 civiles inocentes asesinados para hacerlos pasar por guerrilleros;
  • Cientos de desaparecidos, entre sindicalistas, profesores, defensores de derechos humanos, líderes comunitarios, periodistas independientes;
  • Millones de humildes campesinos desplazados violentamente de sus poblaciones y veredas de origen, a quienes además les arrebataron millones de hectáreas de tierras; 
  • Cientos de masacres, algunas incluso auspiciadas cuando era gobernador de Antioquia; 
  • Institucionalización de la corrupción, que se materializó con el robo de billones de billones de pesos en prácticamente todas las entidades del estado, a nivel nacional, regional y local; 
  • Entrega de lo que quedaba de soberanía nacional al gobierno de los EEUU; y del patrimonio económico y recursos naturales, a sus corporaciones; en contraprestación por el encubrimiento  a sus actividades como narcotraficante del cartel de Medellín;
  •  Agente desestabilizador de America Latina y creador de hostilidades en contra de gobiernos vecinos que se distanciaron del régimen gringo;
Pero lo peor de todo es que todo lo anterior (y lo que falta por reseñar) ni siquiera podemos recordarlo como cosa de un funesto pasado. El jefe del cartel de Medellín sigue más vigente que nunca. Dejó en la presidencia a uno de sus ministros, en el congreso y en altos cargos de la nueva administración a muchos otros de sus secuaces; y para aumentar la tragedia, no para de insultar a los colombianos y a la justicia, interviniendo abiertamente en procesos judiciales en contra de secuaces que lo acompañaron en su narcogobierno....

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