sábado, 31 de mayo de 2014

Dilema en elecciones presidenciales del 15 de Junio – Un monstruo de dos cabezas


Lamentable que la coyuntura electoral del momento no haya servido para que la mayoría del pueblo colombiano, y en especial aquellos que han estado en oposición a los tradicionales partidos políticos (incluidos sus montones de engendros), hicieran una reflexión sensata sobre el origen, naturaleza y evolución del conflicto interno colombiano.

Ante la disyuntiva que presentan las candidaturas entre las que se definirá la presidencia de la república el próximo 15 de Junio, la inmensa mayoría de quienes no están alineados (o alienados?) ideológicamente con los dos candidatos se enfrentan al dilema de si deben votar por la continuación de las negociaciones de paz con las FARC o por el recrudecimiento de la guerra.

El dilema pierde fuerza y sentido si se tuviera claridad sobre quien ha sido y sigue siendo el enemigo real del establecimiento durante el largo y crudo conflicto que ha azotado al país; y con base en esa claridad, identificar quien es realmente la contraparte en las negociaciones de paz que se desarrollan en La Habana.

Es un avance que en un importante sector de la opinión pública haya empezado a permear el reconocimiento de que el conflicto interno tiene sus orígenes en la injusticia social, la inequidad en la tenencia y propiedad de la tierra, la explotación despiadada de los recursos naturales en beneficio de intereses externos, y en la represión y violencia ejercida por el estado como mecanismo para contener y reprimir cualquier signo de levantamiento popular.

No obstante, lo que la inmensa mayoría de la sociedad civil ignora o no entiende a cabalidad es que la guerrilla surge de ese sector rural de población reprimida y explotada, en respuesta a la persecución, despojo, represión, e incluso asesinatos a que han sido víctimas por parte del aparato militar y paramilitar estatal operando al servicio de las clases dominantes.

La distorsión en la comprensión del origen y naturaleza del conflicto se debe a la maquinaria propagandística del establecimiento y sus medios serviles, la cual ha sido muy efectiva en su objetivo de vender a la guerrilla como el único enemigo del estado; y mas llanamente expuesto, como el enemigo del pueblo, de la paz y la democracia. Esa propaganda sumada a la propaganda aún más agresiva y sistemática de estigmatización y satanización de las guerrillas identificándolas como las únicas responsables de los crímenes y en general de la violencia que ha azotado al país durante los últimos 50 años, ha calado tanto que una gran parte de la sociedad civil repudia y odia a la guerrilla, incluso más que las clases dominantes que han sido también objetivo de sus ataques como quiera que son esas elites las que determinan como se alterna el poder y reparte el patrimonio nacional.

Tan efectiva ha sido la propaganda oficial, que el efecto distorsionador del conflicto y estigmatizador de la guerrilla no solo ha calado entre sectores de la sociedad civil de grandes centros urbanos que poco o nada han sido afectados por la guerra, sino entre sectores rurales que viven sumidos en la miseria, marginados y que hasta son victimas de la violencia estatal.

Ese acondicionamiento mental es lo que impide reconocer que las negociaciones de paz en curso no es un proceso entre el Estado y un grupo guerrillero, sino entre el Estado y el grueso del pueblo colombiano que histórica y sistemáticamente ha sido victimizado, despojado, violentado y excluido desde la misma época colonial. Con la mal llamada independencia lo único que cambio fue el origen de los que usurparon el poder; ya no eran designados por la corona española sino hijos de las elites criollas empoderadas políticamente y enriquecidas por sus  conexiones con los representantes de la corona.

Desde esta perspectiva, lo reconozcamos o no, o nos guste o no, las FARC son el interlocutor de esa gran mayoría del pueblo colombiano en las negociaciones que se adelantan en la Habana. Lo que se esta negociando no es la paz, la paz no se negocia, lo que se negocia son reformas políticas, económicas y sociales que den solución a las causas que originaron el conflicto y a las ramificaciones que han surgido durante los 50 años de guerra.





Los puntos de la agenda que se esta discutiendo en La Habana no cubrirán todas las reformas que se necesitan, pero si las que se acuerden se implementan, tal vez el fin de la confrontación armada sea el inicio de una etapa de vida en paz y con justicia social para todos los colombianos.

Así que el voto por Santos no es para re elegirlo como presidente sino para mantenerlo sentado en la mesa de negociaciones. Muchos tenemos muchas reservas sobre las verdaderas intenciones y motivaciones que tuvieron Santos y sus patrones locales y extranjeros para iniciar los diálogos, pero con una agenda que muestra avances en tres de los 5 puntos, con mas de dos años de negociaciones formales y con una comunidad internacional (no la misma de la que habla el gobierno de los EEUU) vigilante y esperando resultados, al gobierno de Santos le quedará muy difícil cambiar de curso o acudir a tácticas de terrorismo de estado para responsabilizar a las FARC y así justificar la cancelación de los diálogos.

No hay que pensar que votar por Santos es un acto de aprobación de sus políticas neoliberales depredadoras. El representa lo mas rancio de las oligarquías  y mafias políticas y empresariales que se han lucrado del conflicto; es el representante de los enemigos del pueblo colombiano, y por eso mismo es que debemos impedir que se levante de la mesa de negociaciones. Santos es el enemigo del pueblo mas prominente que ha aceptado sentarse a negociar y buscar salidas políticas al conflicto colombiano, de ahí el imperativo de impedir que se levante de la mesa de La Habana. Y eso solo es posible si continua como presidente.

Hagan la siguiente reflexión a la hora de decidir por quien votar el próximo 15 de Junio: el enemigo del pueblo colombiano es un monstruo que se ha mutado y hoy tiene dos cabezas; una que jala hacia una salida política del conflicto, y que hasta ahora se ha impuesto pues ya ha iniciado un proceso de diálogos;  y la otra, mas malévola y que se ha despertado con ocasión de las elecciones, que no solo quiere destruir todo lo que la otra cabeza ha logrado durante los dos años de negociaciones, sino escalar la guerra contra quienes el monstruo considera (en esto si coinciden las dos cabezas) son los enemigos del estado; léase, la mayoría del pueblo colombiano.

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