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jueves, 31 de julio de 2014

Reconocidos ciudadanos Británicos abogan por que connivencia de su gobierno con el terror que causa el gobierno de Colombia se acabe

Reproducimos, traducido al Español, el siguiente artículo publicado en el Diario Londinense The Guardian en Julio 30, 2014.

Tenemos que acabar esta connivencia con el terror en Colombia

Por Seumas Milne


El puerto colombiano de Buenaventura es un lugar de miseria y miedo. Cuatro quintas partes de la población, mayoritariamente negra, vive en la pobreza extrema y grupos paramilitares ejercen un reinado de terror. La mayoría de las importaciones de Colombia entran a través del puerto, el cual está siendo ampliamente expandido para satisfacer las demandas de nuevos tratados de libre comercio.
Pero en los tugurios de Buenaventura no se ve ningún beneficio, la privación en que viven es una reminiscencia de lo peor que se vive en Bangladesh. La mayoría de la población no tiene alcantarillado y muchos carecen de energía. Decenas de miles se han visto forzados a abandonar sus tierras en los suburbios de la ciudad para dar paso a "megaproyectos" comerciales.
Para más horror, los paramilitares desmiembran con motosierras a aquellos que se cruzan en su camino en ranchos conocidos como casas de pique. La policía dice que una docena de personas han sido sometidas a estas horribles muertes en los últimos meses, pero la cifra real es mucho mayor, dice el obispo de Buenaventura.
El gobierno insiste en que los grupos paramilitares que han aterrorizado a la oposición colombiana han sido disueltos. Pero en Buenaventura, estos son vistos abiertamente confraternizando en las calles con soldados, e incluso publican su propio periódico.
Cientos de millas más lejos, en Putumayo, en una remota zona rural en el corazón de los 50 años de conflicto entre el estado y la guerrilla de las Farc, los campesinos locales están bloqueando carreteras y puentes en protesta contra la destrucción causada por la exploración petrolera  y la fumigación aérea de sus cultivos por parte del gobierno y su guerra contra las drogas.
En el pueblo de Puerto Vega, los lugareños hacen fila para contar historias de las atrocidades y secuestros cometidos por la policía y el ejército. Miembros de una familia describen cómo cuatro jóvenes sindicalistas fueron asesinados en mayo por soldados del ejército quienes más tarde afirmaron  que fueron asesinados en combate. No es a la guerrilla a quienes tememos, dicen los pobladores, sino a las autoridades.

Esta es una historia similar a la ocurrida en el barrio de clase obrera de Soacha en Bogotá, donde las madres de los jóvenes secuestrados y asesinados por soldados, que falsamente afirmaban que eran guerrilleros con el fin de calificar para bonificaciones, aun lloran describiendo los años de campaña y luchas buscando que los responsables reciban el peso la justicia. Se estima que más de 3.000 civiles fueron asesinados de esta manera en la última década.
Esta es hoy la realidad en Colombia. Pero por supuesto, esta no es la historia que vende  el gobierno colombiano y sus patrocinadores estadounidenses y británicos. En lo a que a ellos concierne,  las conversaciones de paz con las Farc avanzan exitosamente luego de que Juan Manuel Santos fuera reelegido como presidente el mes pasado con un mandato por la paz.
Los funcionarios colombianos hablan de paz y derechos humanos con un fervor evangélico y mostrando una montonera de carpetas. Pero, tal como un informe independiente tras otro confirma, hay un abismo entre el discurso y la vida en el terreno. Ni las leyes se aplican, ni los abusadores son enjuiciados. Miles de presos políticos languidecen en las cárceles colombianas. Políticos, sindicalistas y activistas de movimientos sociales son rutinariamente encarcelados o asesinados.
Un cuarto de millón de colombianos han muerto como consecuencia de la guerra interna, la gran mayoría de ellos a manos del ejército, la policía y grupos paramilitares conectados con el gobierno.  Cinco millones se han visto forzados a abandonar sus casas. Aunque la violencia es menor que en otras épocas, el año anterior el asesinato de activistas de derechos humanos y sindicalistas realmente se incrementó.
Uno de los prisioneros es el sindicalista y líder de la oposición Huber Ballesteros, arrestado el año pasado cuando estaba a punto de viajar a Gran Bretaña para hablar en el congreso de sindicatos. La semana pasada, hablando desde la cárcel La Picota en Bogotá, Ballesteros me dijo: "en Colombia no hay democracia, nos estamos enfrentando a una dictadura con un rostro democrático".
Mientras tanto en la Habana, donde desde el 2012 se llevan a cabo las negociaciones de paz, los líderes de la guerrilla de las FARC  advierten que el proceso podría romperse a menos que el gobierno se comprometa con reformas democráticas significativas y deje de asesinar a líderes de la organización.
No cabe duda que las FARC quieren poner fin a su lucha armada, la cual en principio surgió para defender a los campesinos agricultores y que durante décadas ha sido utilizada para estigmatizar y aterrorizar a la oposición del país. Pero la frustración de la guerrilla, con un proceso unilateral y un gobierno que se niega a responder a su alto el fuego unilateral, está claramente aumentando.
Son personas como Ballesteros y las madres de Soacha las que han despertado la solidaridad de los diputados y sindicalistas británicos e irlandeses, quienes regularmente son llevados a Colombia, - donde cerca de 3.000 sindicalistas han sido asesinados desde 1986 – por la ONG británica Justicia para Colombia.
Pero es al estado colombiano y al ejército, responsables de décadas de guerra sucia y del peor record en respeto de los derechos humanos del hemisferio, a quienes apoyan los gobiernos estadounidense y británico. Colombia es el aliado más cercano de Washington en América Latina, el tercer mayor receptor de ayuda militar y de seguridad de Estados Unidos en el mundo.
Por eso es que el conflicto colombiano es calificado como  "la otra guerra de los Estados Unidos", ya que se transformó de una lucha contra el comunismo a una batalla contra las drogas y a otro frente en la guerra contra el terrorismo. Pero Gran Bretaña también está íntimamente involucrada, en la medida que fortalece lo que el embajador británico en Bogotá, Lindsay Croisdale-Appleby, llama una "cercana" y "relación institucional de largo plazo" con el ejército.
Los intereses son tanto estratégicos como económicos, ya que Colombia ha abierto su economía rica en recursos a la inversión extranjera y la privatización. Se ha descubierto que multinacionales occidentales tal como la compañía bananera Chiquita, de propiedad estadounidense, han financiado directamente a los paramilitares, quienes han despojado de tierras productivas a  los campesinos y atacado a los sindicatos.
Santos representa a esa parte de la élite Colombiana que quiere poner fin a la guerra para dar paso a una inversión corporativa de gran escala. La ola progresista que ha limpiado Latinoamérica y llevado al poder a gobiernos de izquierda a través de la región es también menos favorable para el modelo tradicional de escuadrones de la muerte de los políticos derechistas colombianos.

Un acuerdo de paz con una protección efectiva para la oposición podría abrir la posibilidad de un cambio real en Colombia. Pero eso exige apoyo hacia aquellos que genuinamente están intentando hacer que ello ocurra – y para que las potencias mundiales que predican los derechos humanos pongan fin a su respaldo a la represión y al terror a escala industrial.

domingo, 23 de marzo de 2014

La obsesión de la prensa prepago colombiana con Nicolás Maduro

Al margen de las diferencias políticas entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, la suerte de los habitantes de las dos naciones debe ser motivo de preocupación, no solo por los lazos históricos y de confraternidad que los une sino por sus estrechos vínculos comerciales.

La obsesión con la situación de Venezuela de las mafias políticas, elites económicas y de la gran prensa arrodillada colombiana, y particularmente la cizaña con que reproducen y amplifican la propaganda y montajes que produce la oligarquía venezolana, pareciera indicar que Nicolás Maduro es considerado el responsable de todas los horrores que ocurren a diario en Colombia; o peor aun, que en Colombia no ocurre ninguna tragedia y que por el contrario, la "paz y prosperidad" que disfrutan los colombianos se ve amenazada por lo que está ocurriendo en Venezuela.


Es acaso Nicolás Maduro el que se reúne con grupos de la oligarquía colombiana para planear acciones de sabotaje económico y violencia en contra del presidente Santos, con el objetivo de desestabilizar su gobierno y crear las condiciones para un golpe de estado o una intervención militar gringa?

Es acaso Nicolás Maduro el responsable de la extrema miseria y violencia que azota a la población de Buenaventura, donde los paramilitares se han apoderado de la ciudad y mantienen aterrorizada a sus habitantes mediante la práctica abominable de descuartizar a sus víctimas, lo cual ocurre cotidianamente y sin que ninguna autoridad se de por enterada?

Es Nicolás Maduro el responsable del abandono y miseria que azota a región pacifica en general; y en particular, al departamento del Choco, agravada aun más por estos días debido a los incendios de bosques en el área de Acandi, todo bajo la mirada indiferente del Estado y de la gran mayoría de colombianos?

Es Nicolás Maduro quien firmó los TLCs con EEUU, Canadá, Corea del Sur, la Unión Europea, y el que esta por firmarse con Méjico, Perú y Chile (la llamada Alianza del Pacifico),  los cuales están acabando con la industria nacional, liquidando la producción agrícola y aniquilando a los campesinos?

Es acaso Nicolás Maduro el que infiltra francotiradores y vándalos en todas las marchas y paros de campesinos, estudiantes y trabajadores, con el propósito de incitar violencia, vandalismo y así justificar la brutal represión y criminalización de los que dirigen y participan en las protestas?

Es acaso Nicolás Maduro el que, en contravía de tratados internacionales, condona y ejecuta la destitución de un alcalde elegido por voto popular, solo por el hecho de representar a un movimiento político de izquierda y por haberles quitado a empresarios privados el monopolio del negocio de recolección de basuras?

Es acaso Nicolás Maduro el que en los últimos 10 años ha ejecutado extrajudicialmente a más de 3.000 humildes colombianos para hacerlos pasar por guerrilleros y así mostrar resultados en la guerra contra la guerrilla?

Es acaso Nicolás Maduro el que permite que los pocos militares de alto rango que han sido judicializados (autores y ordenadores de las ejecuciones extrajudiciales) paguen sus supuestas condenas en bases militares acondicionadas como resorts, de las que pueden entrar y salir cuando se les da la gana, y a quienes convierten en billonarios a través de las inmensas comisiones que les dan contratistas testaferros de las FFMM, todo como pago por su silencio  para que no delaten a los generales?

Es acaso Nicolás Maduro el culpable de la negligencia e indolencia del estado colombiano con la población nativa de los llanos orientales, quienes no solo son víctimas de desplazamiento forzado y del saqueo de sus recursos naturales por parte de las multinacionales (los inversionistas extranjeros), sino de una catástrofe ambiental como la que se está evidenciando con la sequía que azota al departamento del Casanare?



Es acaso Nicolás Maduro el presidente del país que lleva más de 50 años con un conflicto interno sin resolver, y el cual ha dejado cerca de 300.000 victimas, cerca de 60.000 desaparecidos, 5.700.000 colombianos desplazados?

La respuesta por supuesto es NO. Pero la exageración en el cubrimiento y la distorsión de lo que verdaderamente ocurre en Venezuela es para los medios prepago un mecanismo de distracción muy efectivo para minimizar las tragedias, esas si reales y verdaderas, que afectan a la gran mayoría del pueblo colombiano. 

La verdad es que la situación económica, política y social de Venezuela es totalmente diferente a como la presentan los medios prepagos colombianos; de hecho muchísimo mejor que la de Colombia, en todos los aspectos. Por qué entonces el ensañamiento con Nicolas Maduro, ahora que está enfrentando planes golpistas por parte de las oligarquías y extrema derecha venezolanas apoyadas por el gobierno de EEUU.


Suena inverosímil pensar que la obsesión con Venezuela les alcance a los medios prepago, y al propio establecimiento, para hacer creer a un gran sector de la opinión publica colombiana que los responsables de las tragedias nacionales no son ni el presidente Santos ni su antecesor, para solo citar los presidentes mas dañinos que ha tenido el país durante los últimos 12 anos, sino el ex presidente Chávez y el actual presidente Maduro; el castro-chavismo, como se refieren en los círculos narcoparauribistas.  

Para poner un ejemplo muy reciente, acaso no han escuchado a quienes dicen que la crisis de Bogotá es producto de la influencia del castro-chavismo?

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