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miércoles, 5 de octubre de 2016

Recientes Acciones de Juan Manuel Santos: Traicion al pais y a sus compromisos con las FARC-EP?

Las acciones de Santos durante los últimos tres días luego del fracaso del plebiscito demuestran que esta descargando solamente en las FARC-EP toda la responsabilidad de salvar el proceso de paz.

Los siguientes son apenas sus más destacados bandazos:

1) El domingo a las 8 pm luego de conocer los resultados del plebiscito con triunfo pírrico del NO, anuncia a todo el país por televisión que mantiene el cese al fuego bilateral y definitivo que hace parte integral de los acuerdos firmados solemnemente ante los ojos de todo el mundo;

2) El Martes 4 de Octubre, luego de informar al país que ha invitado a Uribe al palacio de Nariño a discutir "propuestas de ajustes" a los acuerdos ya firmados, anuncia que el cese al fuego bilateral y "definitivo" solo irá hasta el 31 de Octubre;

3) El mismo martes en las horas de la mañana, su canciller Holguín aparece en todos los medios masivos declarando que la responsabilidad de abrir o no el acuerdo a una renegociación reposa totalmente en las FARC-EP;

4) El mismo martes, pero ya bien tarde en la noche (y ya cuando el daño estaba hecho), el ministro de defensa sale a aclarar que la fecha límite al cese al fuego bilateral anunciada por Santos podría extenderse si hay avance en las "renegociaciones" en La Habana....

Difícil no interpretar estos bandazos de Santos como una claudicación ante Uribe, el señor de la guerra y dueño y amo del país.

No era acaso que el acuerdo firmado era el mejor de los acuerdos que se podía alcanzar, y por eso lo defendía a capa y espada dentro y fuera del país?

Porque entonces no lo defiende ahora ante los ataques y propuestas de ajustes absurdos de Uribe y sus secuaces?

Es este escenario acaso un desenlace que estaba planeado desde el comienzo?......

Llevar a las FARC al preámbulo de la desmovilización, conseguir los nombres de todos los guerrilleros (5.700 nombres ya en poder del ejército), amenazar con la reiniciación de los bombardeos (porque esa es la traducción fiel del anuncio de acabar con el cese bilateral del fuego) para presionar a las FARC a que acepten la capitulación tal como lo plantea Uribe; y si no aceptan, para producir una desbandada, deserción masiva de guerrilleros, ahora plenamente identificados, y que se encuentran concentrados en zonas de pre desmovilización también plenamente conocidas por el ejército?. 

En últimas, es esta una encerrona a las FARC? ...

Actualización Octubre 11th:

Aliviados el dolor y los sentimientos de rabia que prosiguieron inmediatamente luego de conocer los resultados del plebiscito, lo que ha ocurrido durante los días siguientes parece sembrar nuevamente semillas de optimismo y esperanza en que los acuerdos de paz serán respetados en su esencia, y si acaso enmendados pero solamente en aspectos de lenguaje, redacción; y a lo sumo, ampliados para incluir mayor especificidad en el punto de justicia transicional, principalmente.

Las multitudinarias marchas en varias de las principales ciudades del país, organizadas por los estudiantes y a las cuales se unieron miles de ciudadanos de todas las clases; el campamento por la paz que, luego de esa primera marcha estudiantil, se estableció en la Plaza de Bolivar; las congregaciones y caminatas en Bogotá de comunidades indígenas provenientes del Cauca y La Sierra Nevada; y la segunda gran marcha programada en Bogotá el 12 de Octubre y que contara con la participación de miles de indígenas, campesinos y víctimas del conflicto, contribuyen aún mas en ese proceso difícil de recuperar la confianza y optimismo de que pronto saldremos del agujero. 

Pero para mantener ese optimismo y esperanza uno quisiera que esa gran movilización social se viera reflejada en las acciones del gobierno de Santos.  Ese optimismo se desvanece cuando, más allá de sus cándidas declaraciones por televisión, se analizan las reacciones contradictorias que ha mostrado frente a los detractores del plebiscito, no obstante la evidente ilegitimidad del triunfo del NO resultado de una campaña fraudulenta y la pírrica diferencia, que por lo demás, es incomprensible que el gobierno no haya solicitado un reconteo de votos .

Santos esta tratando a Uribe y su partido de garaje Centro Democrático como si realmente fueran los representantes de esos algo más de 6.400.000 votos por el NO, muy a pesar de que el propio gerente de campana confesara públicamente el engano al que fue sometida esa masa de votantes. 

Confesión que, sumada a los archivos de videos y documentos que circularon durante la campaña y que están disponibles en redes sociales, detalla la estrategia de manipulación dirigida a clases altas, media y baja. Con lo cual queda demostrado que quienes votaron NO, no lo hicieron reclamando los "ajustes y cambios" que ahora el Uribismo le esta presentando a Santos en nombre de esa masa de votantes, sino por asuntos económicos y religiosos que supuestamente les afectaria pero que ni siquiera eran parte del acuerdo final de paz.



Cómo es que Santos, conociendo toda esta patraña, no sólo acepta con entusiasmo sino que califica como de "ánimo constructivo", las propuestas del Centro Democrático como si verdaderamente recogieran las preocupaciones de la población del NO. 



Cómo es que Santos acepta también como representantes de supuestamente facciones independientes de los votantes del NO a personajes tan oscuros y mezquinos como el ex procurador Ordóñez, destituido de su cargo por la Corte Suprema de Justicia; a Andres Pastrana y Marta Lucia Ramirez, que hicieron campaña al lado del narcoparauribismo y que como tal son igualmente cómplices de la campaña de manipulación y engaño; a pastores de iglesias de garaje que también difundieron masivamente los mensajes falsos del narcoparauribismo; y a otro personaje tan oscuro y oportunista como Herbin Hoyos, quien se autoproclama representante de las víctimas de las FARC y que como tal solo reclama por el paradero del 20% de desaparecidos, ya que documentos serios atribuyen al estado y al paramilitarismo el 80% de ellos.   




Cual es el plan de Santos para sacar al país del atolladero en que lo metió con un plebiscito por la paz que nunca debió ocurrir?

O es el estado de caos al que se ha llevado al país el desarrollo de la segunda parte de un plan original que nunca fue concebido para lograr la paz, tal como muchos observadores y analistas internacionales lo plantean?  



  


viernes, 19 de junio de 2015

La falacia de que el proceso de paz esta en riesgo por culpa de las FARC

En artículos anteriores ya habíamos expuesto que todo el proceso de paz per se es una farsa. Y no por parte de la guerrilla sino de su contraparte, el establecimiento servil, corrupto y mafioso, porque así lo han determinado quienes en la práctica gobiernan y manejan los destinos del país: el gobierno de los EEUU (y otros aliados internacionales), su industria militar y sus multinacionales.

Pueden leer o re leer los referidos artículos haciendo click aquí, aquí y aquí….

La falacia de que las negociaciones en La Habana están a punto de romperse por culpa de la falta de voluntad real de las FARC y sus dilaciones para firmar un acuerdo final es apenas una de las postulaciones falsas que el establecimiento viene difundiendo con mayor intensidad en las ultimas semanas con ocasión del recrudecimiento del conflicto y violencia luego de la terminación del cese unilateral del fuego decretado por las FARC.

Otra de las tantas falacias que difunde reiteradamente el régimen es que el cese bilateral del fuego le permitirá a la guerrilla fortalecerse y reorganizarse; y que por el contrario, su compromiso y voluntad (aun negociando en medio de la guerra) esta demostrado con los cambios sociales y económicos que ya muchos colombianos supuestamente disfrutan como anticipo del posconflicto, etc., etc.  .

Cualquier ciudadano que silencie al menos en un 10% de la propaganda oficial y dedique ese tiempo a revisar los documentos conjuntos producidos por los delegados en la mesa de La Habana, se dará cuenta que sí ha habido estancamiento en las negociaciones es porque el gobierno es quien ha dilatado el proceso.  No es sino revisar el volumen de propuestas presentadas por las FARC, no solo referentes a los tres puntos de la agenda preliminarmente acordados, sino a los puntos restantes, las cuales han sido sistemáticamente ignoradas, o si acaso archivadas porque para el régimen no son aceptables; pero aun, en ese escenario ni siquiera ha hecho un pronunciamiento oficial, aparte de la andanada de criticas virulentas por parte de sus medios y pseudo analistas prepago calificándolas de atrevidas, cinicas o irracionales.

Propuestas que por lo demás recogen iniciativas que muchas organizaciones sociales de toda índole, incluidas las propias victimas, han remitido a consideración de La Mesa y que solo la delegación guerrillera las ha acogido, estudiado e incluido en sus propuestas; contrario a la posición mezquina del gobierno que ha impedido que todas las organizaciones sociales participen activamente. El ejemplo mas diciente de esta posición mezquina del gobierno fue la estigmatización que hizo de las organizaciones de victimas del Estado durante la etapa en que se realizaron varios foros con miras a designar sus representantes que irían a La Habana. Para el régimen y su maquinaria de medios prepago, las únicas organizaciones de victimas legitimas eran (y son) las victimas de las FARC, aunque muchas de estas fueran incluso organizaciones falsas, montadas por el propio estamento militar y sus aliados de la extrema derecha, medios prepago y mafias empresariales.

Y cuando hablamos de las propuestas presentadas por las FARC y que el gobierno ha engavetado, nos referimos unicamente a aquellas que el establecimiento ha aceptado que están en línea con los 5 puntos de la agenda de negociaciones acordada en Agosto de 2012.  Porque, con el argumento de que la negociación política del conflicto no incluye la negociación del modelo económico ni la seguridad nacional, el gobierno ha rechazado o ignorado de plano otro gran paquete de propuestas que las FARC han presentado claramente relacionadas con los puntos de la agenda, las cuales de llegar a implementarse si se traducirían en verdaderos cambios para la inmensa mayoría de la población que ha sido violentada y marginada por el estado. 

Pero claro, para el establecimiento solo son aceptables cambios superficiales mínimos, maquillajes sociales y económicos, los que en ultimas ni siquiera serán implementados, como queda demostrado con acciones y proyectos de ley que el gobierno esta impulsando a la par con las negociaciones y contradiciendo lo minimo que supuestamente ya se acordó en la mesa de La Habana.

Para la muestra:

1) el proyecto de ley ya casi aprobado de legalización de extensos terrenos baldíos arrebatados violentamente o adquiridos a precios de miseria e ilegalmente por parte de grandes terratenientes y mafias. Proyecto de ley que también da prioridad a que multinacionales agroindustriales adquieran y exploten grandes extensiones de territorios baldíos que aun quedan por distribuir. Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social - ZIDRES - le llaman eufemísticamente a ese esperpento de ley; 

2) la ley de restitución de tierras, cuyo nombre suena esperanzador para los millones de colombinos que han sido despojados y desterrados violentamente de sus tierras, pero que en realidad no es mas que una farsa, una estrategia política mezquina que no solo produce falsas expectativas sino muertos. En lo corrido del año han sido asesinados 90 colombianos entre reclamantes individuales y lideres de organizaciones de reclamantes de tierras.

Y estos son apenas dos ejemplos que revelan la farsa del gobierno y sus patrones extranjeros en cuanto a sus verdaderas intenciones en el actual proceso de negociaciones en La Habana.

Que tal la reforma al fuero penal militar cuyo objetivo es dar inmunidad a los militares para que sigan cometiendo los mas atroces crímenes como los falsos positivos,  masacres de civiles, desapariciones,……el terrorismo de estado?

Que tal la propuesta de reforma del código de policía que le permitirá a la fuerza publica detener y judicializar a cualquier ciudadano que participe en una marcha contra megaproyectos mineros, en un paro campesino, etc.?

Cuál es entonces la contraparte en la mesa negociaciones en La Habana que no tiene voluntad ni compromiso de encontrar una salida política al conflicto, y que por el contrario lo atiza con todas sus acciones???

La galería también es bombardeada por estos días con la propaganda de que la reanudación de las acciones bélicas por parte de la guerrilla son una demostración de que no están interesadas en el fin del conflicto.  Fue el régimen el que impuso la condición de negociar en medio de la guerra, pero en su lógica absurda/mezquina, y que ha sido sembrada en la mente de muchos colombianos ingenuos, la violencia solo es legitima si la producen las fuerzas estatales y paraestatales. 

Ha sido el régimen adicto a la violencia y al terrorismo el que se ha negado sistemáticamente a los llamados de la guerrilla y de un amplio sector de la población colombiana, incluso de organizaciones internacionales como la ONU, a acordar un cese bilateral del fuego YA y no esperar a firmar un acuerdo, como lo pretende el gobierno. Decenas de victimas y cuantiosos daños a la infraestructura se evitarían.

Las propuestas que plantean tanto la extrema derecha narcoparamilitar como el propio gobierno, e incluso sectores de la izquierda, para supuestamente medir la voluntad de las FARC de firmar un acuerdo de paz, rayan en lo ridiculo.  Entre ellas estan la del narcoparauribismo, que con descaro y patetismo extremos propone que las FARC acepten ser "concentradas" en una area especifica del pais que seria vigilada por las fuerzas militares; en pocas palabras, que se cree un campo de concetracion!!.

Otra propuesta, insolitamente presentada por el nefasto ex guerrillero Antonio Navarro Wolf, se refiere a que en las proximas elecciones regionales de Octubre se incluya un referendo en el que los colombianos votarian por una fecha limite (ultimatum) para firmar un acuerdo en La Habana.  Que verguenza para las denominadas fuerzas politicas de izquierda tener aun entre sus filas a un patetico politiquero, oportunista y listo a venderse al mejor postor, como lo es Antonio Navarro.  Carlos Pizarro y otros verdaderos lideres del extinto M-19 que muerieron defendiendo sus causas, deben estar revolcandose en sus tumbas. 

jueves, 31 de julio de 2014

Reconocidos ciudadanos Británicos abogan por que connivencia de su gobierno con el terror que causa el gobierno de Colombia se acabe

Reproducimos, traducido al Español, el siguiente artículo publicado en el Diario Londinense The Guardian en Julio 30, 2014.

Tenemos que acabar esta connivencia con el terror en Colombia

Por Seumas Milne


El puerto colombiano de Buenaventura es un lugar de miseria y miedo. Cuatro quintas partes de la población, mayoritariamente negra, vive en la pobreza extrema y grupos paramilitares ejercen un reinado de terror. La mayoría de las importaciones de Colombia entran a través del puerto, el cual está siendo ampliamente expandido para satisfacer las demandas de nuevos tratados de libre comercio.
Pero en los tugurios de Buenaventura no se ve ningún beneficio, la privación en que viven es una reminiscencia de lo peor que se vive en Bangladesh. La mayoría de la población no tiene alcantarillado y muchos carecen de energía. Decenas de miles se han visto forzados a abandonar sus tierras en los suburbios de la ciudad para dar paso a "megaproyectos" comerciales.
Para más horror, los paramilitares desmiembran con motosierras a aquellos que se cruzan en su camino en ranchos conocidos como casas de pique. La policía dice que una docena de personas han sido sometidas a estas horribles muertes en los últimos meses, pero la cifra real es mucho mayor, dice el obispo de Buenaventura.
El gobierno insiste en que los grupos paramilitares que han aterrorizado a la oposición colombiana han sido disueltos. Pero en Buenaventura, estos son vistos abiertamente confraternizando en las calles con soldados, e incluso publican su propio periódico.
Cientos de millas más lejos, en Putumayo, en una remota zona rural en el corazón de los 50 años de conflicto entre el estado y la guerrilla de las Farc, los campesinos locales están bloqueando carreteras y puentes en protesta contra la destrucción causada por la exploración petrolera  y la fumigación aérea de sus cultivos por parte del gobierno y su guerra contra las drogas.
En el pueblo de Puerto Vega, los lugareños hacen fila para contar historias de las atrocidades y secuestros cometidos por la policía y el ejército. Miembros de una familia describen cómo cuatro jóvenes sindicalistas fueron asesinados en mayo por soldados del ejército quienes más tarde afirmaron  que fueron asesinados en combate. No es a la guerrilla a quienes tememos, dicen los pobladores, sino a las autoridades.

Esta es una historia similar a la ocurrida en el barrio de clase obrera de Soacha en Bogotá, donde las madres de los jóvenes secuestrados y asesinados por soldados, que falsamente afirmaban que eran guerrilleros con el fin de calificar para bonificaciones, aun lloran describiendo los años de campaña y luchas buscando que los responsables reciban el peso la justicia. Se estima que más de 3.000 civiles fueron asesinados de esta manera en la última década.
Esta es hoy la realidad en Colombia. Pero por supuesto, esta no es la historia que vende  el gobierno colombiano y sus patrocinadores estadounidenses y británicos. En lo a que a ellos concierne,  las conversaciones de paz con las Farc avanzan exitosamente luego de que Juan Manuel Santos fuera reelegido como presidente el mes pasado con un mandato por la paz.
Los funcionarios colombianos hablan de paz y derechos humanos con un fervor evangélico y mostrando una montonera de carpetas. Pero, tal como un informe independiente tras otro confirma, hay un abismo entre el discurso y la vida en el terreno. Ni las leyes se aplican, ni los abusadores son enjuiciados. Miles de presos políticos languidecen en las cárceles colombianas. Políticos, sindicalistas y activistas de movimientos sociales son rutinariamente encarcelados o asesinados.
Un cuarto de millón de colombianos han muerto como consecuencia de la guerra interna, la gran mayoría de ellos a manos del ejército, la policía y grupos paramilitares conectados con el gobierno.  Cinco millones se han visto forzados a abandonar sus casas. Aunque la violencia es menor que en otras épocas, el año anterior el asesinato de activistas de derechos humanos y sindicalistas realmente se incrementó.
Uno de los prisioneros es el sindicalista y líder de la oposición Huber Ballesteros, arrestado el año pasado cuando estaba a punto de viajar a Gran Bretaña para hablar en el congreso de sindicatos. La semana pasada, hablando desde la cárcel La Picota en Bogotá, Ballesteros me dijo: "en Colombia no hay democracia, nos estamos enfrentando a una dictadura con un rostro democrático".
Mientras tanto en la Habana, donde desde el 2012 se llevan a cabo las negociaciones de paz, los líderes de la guerrilla de las FARC  advierten que el proceso podría romperse a menos que el gobierno se comprometa con reformas democráticas significativas y deje de asesinar a líderes de la organización.
No cabe duda que las FARC quieren poner fin a su lucha armada, la cual en principio surgió para defender a los campesinos agricultores y que durante décadas ha sido utilizada para estigmatizar y aterrorizar a la oposición del país. Pero la frustración de la guerrilla, con un proceso unilateral y un gobierno que se niega a responder a su alto el fuego unilateral, está claramente aumentando.
Son personas como Ballesteros y las madres de Soacha las que han despertado la solidaridad de los diputados y sindicalistas británicos e irlandeses, quienes regularmente son llevados a Colombia, - donde cerca de 3.000 sindicalistas han sido asesinados desde 1986 – por la ONG británica Justicia para Colombia.
Pero es al estado colombiano y al ejército, responsables de décadas de guerra sucia y del peor record en respeto de los derechos humanos del hemisferio, a quienes apoyan los gobiernos estadounidense y británico. Colombia es el aliado más cercano de Washington en América Latina, el tercer mayor receptor de ayuda militar y de seguridad de Estados Unidos en el mundo.
Por eso es que el conflicto colombiano es calificado como  "la otra guerra de los Estados Unidos", ya que se transformó de una lucha contra el comunismo a una batalla contra las drogas y a otro frente en la guerra contra el terrorismo. Pero Gran Bretaña también está íntimamente involucrada, en la medida que fortalece lo que el embajador británico en Bogotá, Lindsay Croisdale-Appleby, llama una "cercana" y "relación institucional de largo plazo" con el ejército.
Los intereses son tanto estratégicos como económicos, ya que Colombia ha abierto su economía rica en recursos a la inversión extranjera y la privatización. Se ha descubierto que multinacionales occidentales tal como la compañía bananera Chiquita, de propiedad estadounidense, han financiado directamente a los paramilitares, quienes han despojado de tierras productivas a  los campesinos y atacado a los sindicatos.
Santos representa a esa parte de la élite Colombiana que quiere poner fin a la guerra para dar paso a una inversión corporativa de gran escala. La ola progresista que ha limpiado Latinoamérica y llevado al poder a gobiernos de izquierda a través de la región es también menos favorable para el modelo tradicional de escuadrones de la muerte de los políticos derechistas colombianos.

Un acuerdo de paz con una protección efectiva para la oposición podría abrir la posibilidad de un cambio real en Colombia. Pero eso exige apoyo hacia aquellos que genuinamente están intentando hacer que ello ocurra – y para que las potencias mundiales que predican los derechos humanos pongan fin a su respaldo a la represión y al terror a escala industrial.

lunes, 23 de junio de 2014

La pedagogía sobre la paz de Santos, más de lo mismo: distorsiones y manipulaciones de las causas verdaderas del conflicto


Difícil entender lo que esta pasando por la mente del reconocido escritor colombiano William Ospina. Dos de sus más recientes columnas en El Espectador generan muchas preguntas sobre las motivaciones de sus elogios con Alvaro Uribe Vélez. Para sorpresa de sus lectores, en su columna justo antes de la segunda vuelta presidencial, anunció que votaría por el candidato títere de la pandilla narcoparauribista.

Sus contradicciones se tornan mas incomprensibles con ocasión de la columna que publica hoy El Espectador, en la que luego de hacer un recuento de las causas del conflicto e identificar a los arquitectos y alimentadores del mismo,  termina prácticamente sugiriendo que hay que agradecerle a Alvaro Uribe haber hecho de la "seguridad democrática" la prioridad de su administración, pues al éxito de esa política de gobierno se debe que hoy Santos este adelantando un proceso de negociación política del conflicto con las FARC. Difícil digerir tremenda incongruencia sin que pase por la mente que algo grave esta pasando en el cerebro de William Ospina, quien además de sus exitosas novelas, ha sido reconocido por su pensamiento humanista, social demócrata; y para muchos incluso, como militante de la izquierda.

Cómo alguien que tiene claridad sobre las causas reales del conflicto interno colombiano y con la misma claridad señala a sus artífices, puede dar un giro de 180 grados y terminar elogiando una política criminal de gobierno diseñada para perpetuar y agudizar la guerra, abrir el país de par en par a los saqueadores extranjeros y sus socios criollos; y consecuentemente, producir los efectos trágicos y horrorosos que nadie, aun con una pizca de sensatez puede ignorar: violaciones sistemáticas de derechos humanos, miles de ejecuciones extrajudiciales, millones de campesinos violentamente desplazados y despojados de sus tierras, miles de desaparecidos y perseguidos entre opositores políticos, sindicalistas, educadores, periodistas,....para solo mencionar algunas de las aberraciones que constituyen el legado de la seguridad democrática del narco gobierno de Uribe.

Claro que si se trata de reconocer las "bondades" de la seguridad democrática, el propio Santos lo ha reiterado y lo sigue repitiendo en cuanto evento publico aparece; pero con el no hay contradicción pues además de haber hecho parte del gobierno de Uribe, es fiel representante de las castas mafiosas y elites políticas que se han beneficiado de la guerra; así que no hace falta que William Ospina se lo recuerde. La contradicción salta a la vista cuando una farsa como esa es endosada por alguien que se ha caracterizado por desenmascarar y denunciar a los manipuladores de la realidad.

Y esto nos lleva a comentar otra columna que publica hoy la Revista Semana escrita por Juan Diego Restrepo. Dice este columnista que para que en el segundo mandato de Santos su iniciativa de paz tengan mas aceptación entre la opinión publica, su gobierno debe trabajar en mejorar la comunicación con el pueblo, y termina sugiriendo elementos que deben incorporarse en el manejo de la comunicación sobre el proceso de paz, a lo que Santos le ha dado el nombre de “pedagogía sobre la paz.”

El columnista de Semana critica, y con razón, que el gobierno no haya hecho pedagogía entre los colombianos sobre las verdaderas causas del conflicto, las motivaciones para la iniciación de los diálogos en La Habana, los alcances de esos diálogos y los beneficios para la sociedad colombiana si los diálogos culminan en un acuerdo y si lo que se acuerde se implementa...  El columnista sugiere que entre los mecanismos para desarrollar una pedagogía sobre la paz se diseñe cartillas para que se distribuyan y se discutan en las escuelas, colegios, universidades, empresas, centros comunitarios, etc. Una propuesta muy pertinente, por su puesto, si no fuera porque es al propio establecimiento, incluidas sus oligarquías y mafias políticas y empresariales, a quien no le interesa que el pueblo colombiano conozca  a cabalidad la naturaleza y origen del conflicto, sus causas verdaderas y quienes han sido sus artífices dentro y fuera del establecimiento.

Si algo le produce pavor al establecimiento es que el pueblo identifique a la guerrilla como lo que es, su interlocutor en las actuales negociaciones, y no como el gobierno de Santos y todos los gobiernos que le han antecedido han manipulado y usado el conflicto: que el conflicto es entre el Estado colombiano (vendido este como que representa y defiende los intereses, bienestar y seguridad de todos los colombianos) y un grupo de facinerosos que de un día para otro amanecieron armados y empezaron a cometer actos violentos (últimamente denominados actos terroristas) en contra de ese "Estado" y por lo tanto de todo el pueblo colombiano.

Qué interés puede tener el establecimiento en que, por ejemplo, un estudiante de secundaria de cualquier colegio de los apartados municipios del país correlacione la situación de exclusión y miseria de su familia y de su comunidad con los hechos que hace 50 años dieron origen a la guerrilla. La idea errada que ese estudiante tiene acerca de la violencia y sus raíces no solamente es producto del bombardeo de propaganda a que ha sido sometido por parte de los medios masivos serviles del establecimiento, sino porque el mismo sistema educativo está estructurado para que la historia del país y del conflicto sea enseñada de una manera distorsionada, y en la mayoría de los casos, falseada totalmente u ocultada pues la divulgación de la verdad atenta contra los intereses y privilegios del establecimiento y su jauría.

El conocimiento de la verdad crearía un ejército de reserva para las guerrillas no de miles sino de millones de jóvenes, y eso aterroriza al establecimiento.

La pedagogia de la paz de Santos no ira mas alla de la retorica que ha venido repitiendo y sus medios prepago amplificando: que el modelo economico no se esta negociando y que sus fuerzas armadas no seran tocadas, por el contrario seran fortalecidas. "Pedagogia" dirigida a aplacar los temores de los buitres que ven los minimos cambios sociales y politicos que producirian los puntos que se estan discutiendo en La Habana como una amenaza para el manteniento de sus privilegios. Si el pueblo colombiano tuviera claridad sobre las causas reales del conflicto, la retorica pedagogica de Santos seria rechazada, recibida como confirmacion de que el establecimiento no tiene interes en una paz verdadera con justicia social, porque es precisamente ese modelo economico excluyente, privilegiador, explotador, despojador y entreguista a los intereses extranjeros el que ha sido el causante de la miseria, exclusion, desigualdades e injusticias sociales que sufren la inmensa mayoria de colombianos. 

Asi que la pedagogía de la paz  de la que habla Santos no es más que otra de sus farsas; su objetivo no será otro que asegurar que el pueblo colombiano siga engañado sobre a quién representa el Estado y quien es realmente su enemigo. Una verdadera pedagogía sobre el conflicto le permitiría al pueblo colombiano entender que el Estado que vende el establecimiento como aquel que los representa, defiende y protege no es tal cual. O sí lo es, pero para representar, defender y proteger los intereses y privilegios de una ínfima minoría de colombianos: unas castas familiares mafiosas que han usurpado el poder desde la misma mal llamada independencia (bajo el auspicio y protección de fuerzas extranjeras); unas mafias políticas y empresariales que se encargan de sostener el aparato económico, jurídico y electoral para asegurar la perpetuidad del statu quo y con el sus privilegios; una casta mafiosa militar encargada de aplicar las políticas del terrorismo de estado; y una burguesía parasitaria que hace que ese estado mafioso funcione pero hacia adentro porque lo que el ciudadano de a pie obtiene cada vez que acude a requerir un servicio son atropellos.

Solo cuando ese estado de entendimiento del conflicto sea alcanzado es que el pueblo colombiano asumirá realmente su papel en las negociaciones que se adelantan en La Habana; esto es, entender que la contraparte del Estado en la mesa no son solamente los grupos guerrilleros sino todo el pueblo, lo cual desbarata totalmente el discurso de Santos en el sentido de que su gobierno está representando y defendiendo los intereses de todos los colombianos.

Más evidente resulta aún la farsa del mandato por la paz que Santos y su jauría dicen que recibieron del pueblo colombiano luego de su re elección. Con una verdadera pedagogía sobre el conflicto, el pueblo colombiano entendería que el único mandato que Santos obedecerá y cumplirá es el que le han otorgado las oligarquías y mafias políticas y empresariales que el fielmente representa; y por encima de todo, el mandato de sus patrones extranjeros.

En este escenario, la única posición que le corresponde asumir al pueblo como contraparte en las negociaciones es organizarse colectivamente y presionar al gobierno; primero, para que no se levante de la mesa; y segundo, para que los acuerdos que finalmente se logren se traduzcan en cambios reales que al menos solucionen algunas de las causas de la violencia; y para que las que hagan falta, se discutan a través de mecanismos de participación política, ojala de una nueva fuerza de oposición unificada en la que confluyan las ideas y propuestas  de los movimientos y partidos políticos existentes y de los que surjan luego de la firma de los acuerdos de paz.

El mandato del pueblo colombiano no es para el gobierno de Santos sino para las organizaciones comunitarias y movimientos sociales y políticos que en el ultimo año han puesto contra la pared al establecimiento a través de movilizaciones y paros: las organizaciones de campesinos, indígenas, cafeteros, estudiantes, marcha patriótica, unión patriótica…. Estas organizaciones deben deslindarse del discurso manipulador de Santos y su mandato por la paz, y estar en permanente alerta para movilizarse masivamente frente a cualquier intento del propio Santos o de los buitres que se oponen a las negociaciones, de suspender o terminar las negociaciones en La Habana.

miércoles, 18 de junio de 2014

"Presidente habemus": mandato por la paz con injusticia social




José Antonio Gutiérrez D. (*) 

Articulo originalmente publicado en www.rebelion.org

Santos ha sido elegido nuevamente presidente de Colombia, con un 51% de los votos emitidos, en medio de una perenne crisis de legitimidad -la abstención nuevamente fue la ganadora, llegando al 52%, más 4% de voto en blanco. Más de la mitad del electorado no se acercó a las urnas pese al terrorismo histérico mediático, que de lado y lado describía panoramas apocalípticos después del 15 de Junio, o a las encuestas amañadas. El triunfo de Santos no debería sorprender a nadie: las elecciones no definen nada, sino que sancionan apenas, con un tenue barniz democrático, lo que ya estaba decidido. Con el respaldo del capital financiero, de los empresarios, de los EEUU y de la Unión Europea, era imposible que Santos perdiera. Como dijera el profesor Renán Vega en una entrevista “Las elecciones simplemente son como el cierre de esos proyectos en marcha que llevan mucho más tiempo de consolidación en el país en términos políticos [1].

Aunque un sector de la izquierda quiera ver este resultado electoral como un voto por la paz, o más aun, como el equivalente colombiano a Stalingrado o al Día-D (dependiendo de su persuasión ideológica) en la derrota del “fascismo”, lo cierto es que tanto el aumento en la votación de Santos como una cierta baja del abstencionismo, tienen más que ver con la fuerza aplanadora de las maquinarias electorales, particularmente en la Costa caribe [2], incluidas la compra de votos a granel y la mermelada para todos los gustos. Aunque es discutible el peso de la izquierda en el resultado electoral (en ciertas zonas hubo claras transferencias, incluida Bogotá, no así en otras), lo cierto es que la izquierda tuvo un rol clave no en decidir las elecciones, sino en ayudar a lavar la imagen de Santos ante la opinión pública.

Santos inicia un nuevo período de gobierno en la misma crisis crónica de legitimidad del régimen colombiano, pero con una imagen fresca. Este triunfo electoral y todo el manejo propagandístico que se hizo en torno al “candidato de la paz”, han ayudado a disociar su imagen de los falsos positivos, del bombardeo a Ecuador, de su catastrófica gestión social anti-popular, de su ministerio de guerra y de su ministerio de palmicultura, de todos los engaños y promesas incumplidas al pueblo campesino, de los tratados de libre comercio, de la impunidad militar, de la ley de seguridad ciudadana y la criminalización de la protesta… se ha echado una buena cantidad de tierra sobre los muertos de estos cuatro años en que el pueblo no ha dejado de movilizarse y ¿los presos políticos?, muy bien gracias. Santos emerge de la contienda electoral, indudablemente, con una imagen renovada.

Pero importantes sectores de la izquierda hicieron un poco más que esto. Además, al personalizar –junto a los santistas- el proceso de paz en la figura del presidente, han ayudado a que la paz, originalmente una conquista del pueblo movilizado (y en últimas hasta un deber constitucional), pueda ser redefinida en este segundo período de gobierno en los términos de Santos. El presidente tiene las llaves de la paz, ahora sí, bien guardaditas en su bolsillo y no las compartirá con nadie, a menos que sea hacia la derecha. Ya los analistas van sacando sus conclusiones: Santos ha logrado un mandato para avanzar en el proceso de paz, pero tendrá que hacer concesiones al 46% de votos uribistas que ellos interpretan como más mano dura [3]. El mandato por la pax santista, ergo, incluirá bajar las “expectativas” a las FARC-EP y al ELN. Como dice el análisis de la Silla Vacía, el resultado electoral “quizás, ayude a focalizar la discusión en la mesa en lo posible, más que en lo deseable [4]. O sea, pisar el acelerador para lograr, cuanto antes, la paz con injusticia social. El análisis de Semana es aún más claro al definir que la pax santista consistirá, sencillamente, en “llevar las conversaciones de La Habana y las que se hagan inicialmente en Ecuador, Brasil u otro país con el ELN a que esas dos guerrillas acepten desmovilizarse y desarmarse [5]. La paz ha sido definitivamente divorciada de los cambios estructurales para superar las causas del conflicto; a lo mejor hay cambios que habrá que hacer, pero nada muy radical, aunque demagógicamente se invoquen “cambios profundos” que solamente pueden creer los más ingenuos [6]. En palabras del mismo artículo de Semana, “Santos no tiene, pues, carta blanca para negociar con las FARC. Las líneas rojas que su propio gobierno se trazó al emprender este camino han sido reforzadas y, si se quiere, reducidas por el resultado electoral”.

Santos logró algo histórico además en el plano político. Logró volver a recomponer el bipartidismo bajo los colores del uribismo y de su propia tolda. El término “oposición”, de hecho, ha sido apropiado –gracias a los manejos mediáticos y al encuadramiento electoral de la izquierda- por el uribismo, con quienes objetivamente, comparte más que lo que los divide. Santos es, sin dudas, un hábil jugador en medio de la debilidad estructural de su mandato. De hecho, debe ser en el mundo el único presidente de derecha, delfín de lo más granado de la odiada oligarquía, involucrado en groseras violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, que ha recibido un respaldo electoral importante por parte de la izquierda. En la práctica, Santos logró unir a la izquierda colombiana a un grado que no logró ni la candidatura de Clara López ni el paro agrario del 2014. Lo que demuestra lo astuta que es la oligarquía colombiana. Son unos berracos; no por nada llevan dos siglos en el poder, manejando uno de los Estados más reticentes a la reforma social.

¿Qué se viene ahora? Santos intentará consolidar su proyecto de la unidad nacional, conciliando con el uribismo, en torno al discurso de la paz minimalista en medio del recrudecimiento de la ofensiva. Recordemos que el mismo día que supuestamente se votaba guerra o paz, el gobierno se felicitaba por el presunto abatimiento de Román Ruiz, líder del Frente 18 de las FARC-EP (pese al cese al fuego unilateral), quien al final resultó no ser el muerto… o sea, otro falso positivo [7]. A la izquierda no tendrá que hacerle mayores concesiones porque no tiene capacidad de exigirlas. A algunos en la izquierda les tocará la mermelada (alcaldía de Bogotá), a otros con un plato de lentejas les bastará (por ejemplo, si les hacen la vista gorda ante casos de corrupción de ciertos familiares). Pero la mayoría tendrá que contentarse con las promesas de lentejas, porque las concesiones serán con la “oposición oficial” (uribismo). Lo que no impedirá que un sector se quede pegado con mermelada, lentejas y promesas, al “presidente de la paz”, secundando su mandato por la paz con la injusticia social con la esperanza de que el régimen sea un poco más “incluyente” (o sea, que los inviten a co-administrar los escalones más bajos del sistema que existe, abandonando toda ilusión de cambio social). Tal vez veremos más ritos indígenas de armonización, más treguas sindicales de 100 ó de 1000 días, y más dirigentes de izquierda diciendo que actualmente es inoportuno luchar, que no hay que desestabilizar, que hay que rodear la paz (o sea, rodear a Santos). El país político sesionando en pleno.

El voto táctico de la izquierda oculta en el fondo una derrota estratégica de ésta. Derrota que no es de las últimas dos semanas, sino que se arrastra de largo y que se ha expresado en su incapacidad de canalizar el descontento popular en un programa de lucha, en una renovación de la política y en deshacerse de los métodos de la política tradicional, metiéndole cuerpo al promisorio proyecto de unidad desde abajo que comenzó a forjarse en la Cumbre Agraria y Popular. Sólo tal vez así, se podrá llegar a más de la mitad del país que mira a la distancia, con asco e indiferencia, desde su pobreza y exclusión social, sin inmutarse, a ese país político ajeno. Lo único que podría inclinar la balanza hacia la paz con justicia social es la fuerza de la lucha popular, del pueblo organizado. Pero para ello hay que vencer los caudillismos y burocratismos de esa "ciudad letrada" que mira con desconfianza al bajo pueblo y a su iniciativa espontánea. Esa ciudad letrada que confía más en la negociación por arriba que en la capacidad de lucha de los de abajo. La izquierda oficial ha demostrado tener más capacidad para desmovilizar que para movilizar, más capacidad para elegir al mal menor que para ser alternativa política. Así las cosas, los dados parece que en este segundo período estarán inclinados hacia la paz en los términos de Santos. A menos que haya una asonada al interior de la izquierda que dé por el traste con los verticalismos, oportunismos, sectarismos, personalismos y todos los ismos que le impiden crecer y convertirse en alternativa política, no para el pueblo, sino que construida desde el pueblo. Si no, lo que nos espera, es el destino de ser Guatepeor: algo así como tener la violenta paz de Guatemala, pero elevada al cubo.


Notas:



[3] http://www.semana.com/opinion-online/articulo/hablarle-la-otra-mitad-por-jose-manuel-acevedo-m/392071-3 Digo “interpretan” porque ese 46% del voto no es más ideológico que el de Santos: también responde a maquinarias, mermelada, compra de votos, chocorazos y al sentimiento anti-santista. Pensar que el voto “uribista” es homogéneo es insostenible.



(*) José Antonio Gutiérrez D. es militante libertario residente en Irlanda, donde participa en los movimientos de solidaridad con América Latina y Colombia, colaborador de la revista CEPA (Colombia) y El Ciudadano (Chile), así como del sitio web internacional www.anarkismo.net. Autor de "Problemas e Possibilidades do Anarquismo" (en portugués, Faisca ed., 2011) y coordinador del libro "Orígenes Libertarios del Primero de Mayo en América Latina" (Quimantú ed. 2010) 

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