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lunes, 7 de agosto de 2017

Verdades incómodas sobre Venezuela y la furia de las oligarquías mediáticas

Por Atilio A. Boron

Artículo publicado originalmente en Rebelion

Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad
y hoy existen para impedir que la verdad se diga.”
(G. K. Chesterton, 1917)

En los últimos días, en coincidencia con la decisión de Cambiemos de hacer de Venezuela uno de sus ejes de campaña, fui sometido a un ataque sin precedentes desde las ciudadelas de la oligarquía mediática argentina a propósito de mis opiniones acerca de lo que está ocurriendo en aquel país. Periodistas y académicos unieron sus fuerzas para no sólo disentir con mis ideas sino también para lanzar toda suerte de agravios sobre mi persona. No tiene sentido referirme a cada uno de sus autores por separado, y esto por dos razones. Primero, porque en el fondo su discurso es el mismo: variantes de un mismo guión dictado desde Washington, reciclado por sus acólitos neocoloniales y lanzado por ellos a través de los “medios independientes” (¿independientes de quiénes?) para hostilizar a quienes piensan distinto. Segundo, porque   individualizarlos sería conferirles a los autores de tales libelos una dignidad que su estatura intelectual y moral hace totalmente inmerecida. Dicho esto, en lo que sigue, va mi respuesta.

Uno. En Venezuela la oposición está compuesta por dos sectores. Uno, que acepta al diálogo con el gobierno. Otro, totalmente opuesto a él y dispuesto a quebrar el orden constitucional y derrocar a Nicolás Maduro apelando a cualquier recurso, legal o ilegal. Desgraciadamente, esta fracción ha sido la que hasta la semana pasada ha hegemonizado la oposición amenazando al sector dialoguista con una brutal represalia si cedía a los llamados del gobierno. [1] Conversar con éste equivalía, para los violentos, a una infame traición a la patria, merecedora de los peores castigos. Este grupo extremista y fascista hasta el tuétano, venía conspirando contra la democracia desde el fallido golpe de estado del 11 de abril del 2002 y sus principales líderes: Leopoldo López, Henrique Capriles, Antonio Ledezma, Freddy Guevara, Julio Borges y María Corina Machado apoyaron abiertamente aquel golpe. 

Machado, una de las “demócratas” de hoy, fue firmante del Acta de Juramentación de la nueva junta de gobierno presidida por el empresario Pedro Carmona Estanga. En dicha acta se cancelaban las libertades públicas, se abolían todas las leyes producidas por el chavismo y se decretaba la cesación en sus cargos de todas las autoridades electas y los parlamentarios y ediles del país. Estos fascistas fueron los que, bajo el liderazgo de Leopoldo López, organizarían la sedición de febrero del 2014 –significativamente llamada “Operación Salida”- una vez consumada la derrota del candidato Henrique Capriles en las elecciones presidenciales convocadas luego de la muerte de Hugo Chávez. La “Operación Salida” adoptó las tácticas violentas de control de la calle aconsejadas en diversos manuales de la CIA y en la obra de uno de sus máximos teóricos, Eugene Sharp. Aquellas contemplaban la realización de atentados de todo tipo a instalaciones públicas, autobuses colectivos, erección de barricadas armadas (“guarimbas”) impidiendo que la gente saliera de sus hogares y matanza indiscriminada de personas para aterrorizar a la población. A diario López declaraba que esta insurrección sólo cesaría con la renuncia de Maduro. Finalmente se restableció el orden público , pero con un saldo luctuoso de 43 muertos. López fue apresado y enviado a la justicia donde, como veremos más abajo, recibió una moderada condena, desproporcionada en relación a los crímenes cometidos. Este mismo grupo es el que en abril de este año relanzó la segunda fase de la estrategia insurreccional, pero incrementando exponencialmente la violencia de sus actos e introduciendo macabras innovaciones en sus tácticas de “oposición democrática”: arrojar bombas incendiarias sobre jardines infantiles y hospitales y, como en los viejos tiempos de la Inquisición, quemando vivas a personas cuyo pecado fuese tener el color de piel incorrecto según el criterio de los terroristas. Cuando al describir este deplorable escenario utilicé la expresión “aplastar a la oposición” era obvio para cualquier lector atento de mi artículo que me estaba refiriendo a este sector y no a quienes deseaban una salida pacífica, como felizmente parece estar en marcha en estos últimos días. Cualquier interpretación en contrario sólo puede ser producto de la mala fe. Pero fue dicha lectura la que originó la primera ronda de críticas e insultos.

Dos, si algo revela la monumental hipocresía de mis censores es su sepulcral silencio a la hora de proponer alguna alternativa para detener la violencia en Venezuela. Críticos que en su enorme mayoría no conocen ese país, que jamás estuvieron en él, ignoran su historia y no tienen amigos o parientes viviendo allí se dan el lujo de agraviar a quien piense de otra manera. Mi preocupación obsesiva por el deterioro de una situación que podría desembocar en una orgía de muerte y destrucción se funda en la necesidad de evitar para Venezuela -y para los amigos que tengo en ambos lados, en el chavismo y en la vereda de enfrente- un final apocalíptico. No es el caso de mis censores, a quienes en su condición de obedientes publicistas de la derecha – la de aquí y la de allá, y sobre todo la de “más allá”, en Washington- se les ordenó que descarguen toda su artillería contra quienes tuviéramos la osadía de defender el orden institucional en Venezuela. Mil veces hice la pregunta: ¿cómo se detiene la violencia iniciada, nuevamente por la derecha golpista, y ante la cual la respuesta del Estado fue débil e insuficiente?

Las respuestas casi siempre fueron evasivas, pero cuando les exigía mayores precisiones lo que decían era: “renuncia de Maduro y convocatoria a elecciones presidenciales.” Es decir que estos severos críticos de mis opiniones, autoproclamados (pero inverosímiles) custodios de la libertad, los derechos humanos y la democracia, no son otra cosa que vergonzantes apologistas de la fracción terrorista de la oposición. Lo que quieren estos furiosos escribas es nada menos que el triunfo de la sedición, la victoria de los golpistas, el retorno de los fascistas y la destrucción del Estado de derecho. O sea, quieren exactamente lo mismo que la pandilla de López y sus compinches. Son, por lo tanto cómplices, cuando no autores intelectuales o legitimadores post bellum, de la barbarie desatada por la derecha. En su desesperación por acabar con el chavismo apelan a una retórica que sólo en apariencia es democrática. Lo que hay debajo de sus huecas palabras es una afrenta a los valores humanísticos que dicen defender. Tendrán que hacerse cargo de su apología de la violencia. Porque, en la reseca llanura de la política latinoamericana, con tantas “democracias” que empobrecen, marginan y lanzan a la desesperación a millones de personas no sería de extrañar que fuera de Venezuela surjan grupos que ante el ostensible vaciamiento del proyecto democrático decidan también ellos apelar a la violencia para derrocar gobiernos que los hambrean y embrutecen. Si los sedicentes custodios de la democracia aprobaron esa metodología en Venezuela, ¿la apoyarán también cuando se ensaye en otros países? ¿Qué van a decir entonces: ¿Que saquear, incendiar, matar y quemar vivas a personas está bien en Venezuela pero estaría mal en Colombia, Argentina, México? ¿No les suena un poquitín incoherente exaltar la vía insurreccional en contextos laboriosamente democráticos y que tanto costó construir?

Tres, decíamos más arriba que esta ofensiva se produce en momentos en que el gobierno argentino hizo de Venezuela uno de los ejes de su campaña electoral. Este sábado fue la punta de lanza para suspender a Venezuela del Mercosur, violando las normas del Mercosur y la Carta Democrática establecida en el Protocolo de Ushuaia, y los ataques tienen que ver con eso pero también con algo más. Obedientes, los escribidores y charlistas de los medios hegemónicos arremeten con saña contra cualquiera que defienda al gobierno legal, legítimo y constitucional de Nicolás Maduro. La voz del amo imperial les exige que digan que su gobierno es una feroz dictadura, una manzana podrida en el cajón donde brillan las ejemplares democracias de Argentina, Brasil y Paraguay, dignas herederas de la democracia ateniense y sus grandes líderes como Pericles, Solón y Clístenes, que empalidecen cuando se los compara con sus actuales sucesores sudamericanos. Tremenda dictadura la de Maduro en donde, seguramente al igual que en tiempos de Videla, Pinochet y Strossner, sus opositores pueden ir a Estados Unidos para solicitar la intervención armada de ese país en Venezuela, como lo hiciera el presidente de la Asamblea Nacional Julio Borges en su visita al Jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd, y regresar al país sin ser molestado por las autoridades, conservar su inmunidad parlamentaria, ofrecer conferencias de prensa y entrevistas en numerosos medios nacionales e internacionales y proseguir con su actividad proselitista sin ninguna clase de limitaciones. Seguramente ocurriría lo mismo con los opositores en las dictaduras de Videla, Pinochet y Strossner. Este es un ejemplo entre muchos otros. Uno más: en Venezuela la mayoría de los medios de comunicación son contrarios al gobierno y las grandes cadenas de noticias internacionales tienen sus corresponsales instalados en aquel país que día a día “malinforman” o “desinforman” al resto del mundo sobre lo que ocurre en Venezuela sin ninguna clase de restricciones. Es que la “posverdad” y la “plusmentira” se convirtieron en monedas corrientes en los medios hegemónicos.  

Conviene reproducir aquí lo que recientemente escribiera Boaventura de Sousa Santos, profesor de la Universidad de Wisconsin y uno de los más distinguidos sociólogos y juristas contemporáneos. Luego de adherir a un manifiesto de intelectuales críticos del gobierno de Nicolás Maduro, de Sousa Santos sintió la necesidad de escribir un artículo porque, según sus palabras, “estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables.” Y, poco más adelante, en ese mismo artículo, nuestro autor, cuya autoridad científica y moral convierte a mis críticos en deformes pigmeos, termina diciendo que “El gobierno de la Revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones durante los últimos veinte años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados electorales. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y solo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar la Asamblea Constituyente.” [2]Suficiente en relación a este tema.

Cuatro, siempre en función de la dupla “posverdad-plus mentira” ninguno de los órganos de la oligarquía mediática que nos desinforma a diario en toda América Latina -incluyendo a El Paísde España, director de esta desafinada orquesta mediática- mencionó una noticia que ningún medio de comunicación “serio e independiente”, como gustan llamarse estas agencias de propaganda que hoy nos bombardean con sus falsedades, podría haber dejado pasar por alto. En su conferencia de prensa del 1º de agosto el Secretario de Estado de Donald Trump, Rex Tillerson, anunció oficialmente que “estamos evaluando todas nuestras opciones de política acerca de lo que nosotros podemos hacer para crear un cambio de condiciones donde o bien Maduro decida que ya no tiene futuro y quiera marcharse por voluntad propia o nosotros podemos hacer que los procesos gubernamentales en Venezuela vuelvan a lo que marca su constitución. [3] O sea: el imperio, por boca de su encargado de relaciones exteriores, anuncia que está implicado en la concreción de un golpe de Estado en Venezuela y tan gravísima novedad es escandalosamente silenciada en los grandes medios, esos que dedican ríos de tinta y horas y más horas de radio y televisión para acusar y difamar a diestra y siniestra a quienes denuncian las maniobras del imperialismo y sus lugartenientes locales para destruir regímenes democráticos, como lo hicieron –para nombrar sólo los casos más resonantes- en Guatemala (1954), en Brasil (1964), en República Dominicana (1965), en Chile (1973), en Honduras (2009), en Paraguay (2012) y hace pocos meses en Brasil. Pocos días antes había sido el Director de la CIA, Mike Pompeo, quien declarase en su ponencia ante el Foro de Seguridad convocado por el Aspen Institute que “basta señalar que estamos muy esperanzados de que puede haber una transición en Venezuela, y nosotros -la CIA-, está dando lo mejor de sí para entender la dinámica allá para que podamos comunicársela a nuestro Departamento de Estado y a   otros, los colombianos. 

Acabo de estar en Ciudad de México y en Bogotá, la semana antepasada, hablando exactamente sobre este tema, intentado ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para obtener un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo.” [4] ¡ Al demonio con la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y la democracia! Porque si al emperador no le gusta el gobierno que existe en algunas de las provincias del imperio lo derriba sin miramientos. Y la prensa de todo el hemisferio, más la española, convenientemente aceitada y colonizada, acepta el engaño sin chistar y se esmera por blindar la ominosa noticia con la colaboración de los habituales saltimbanquis de los medios que dicen los que se les ordena decir, no importa lo que hayan dicho antes. No es conveniente que el pueblo se entere de estos planes la Casa Blanca que producen un daño irreparable a la credibilidad de la democracia porque esta sólo será respetada si sus resultados son del agrado del emperador. Caso contrario el error se corrige con una ayudita de los boys de la CIA y la “embajada”. Mejor que siga pensando que el imperio tiene su sede en Orlando y sus personajes más significativos son el Pato Donald y el Ratón Mickey, que la CIA es una vetusta leyenda soviética y los otros quince servicios de inteligencia de Estados Unidos productos de una alucinación colectiva que afectó irreparablemente los cerebros de Noam Chomsky, Howard Zinn, Tom Engelhardt, Michael Parenti, James Petras, Jim Cockcroft, Philip Agee y John Perkins. Que no vaya a recordar ese pueblo que en el mayor acto terrorista de la historia Estados Unidos arrojó dos bombas atómicas sobre dos ciudades indefensas cuando Japón estaba vencido y que sí recuerde, en cambio, que Washington ha “exitosamente” exportado la democracia a Irak, Libia y Ucrania y ahora está tratando de hacer lo mismo en Siria y Venezuela. En síntesis, que Estados Unidos es lo que Hollywood dice que es y que Julian Assange es el novio despechado de la hija de Donald Trump y por eso inunda al mundo con sus mentiras desde Wikileaks. Se cumple lo que hace ya un siglo había pronosticado Gilbert K. Chesterton cuya cita pusimos como epígrafe a este escrito: los medios existen para impedir que la verdad sea dicha, que la verdad sea conocida. [5]

Cinco y final. El torrente de mentiras, falsedades y ocultamientos de mis críticos me obligaría a escribir un libro para desnudar toda y cada una de sus canalladas. No lo merecen. Prefiero proseguir con mis análisis y no perder mi tiempo discutiendo una a una sus acusaciones y respondiendo a sus insultos. Pero haré una excepción en relación a una de sus más socorridas mentiras: la reiterada caracterización del líder fascista y golpista Leopoldo López cono un “preso político.” En su afán por congraciarse con el imperio y la derecha vernácula los personeros de la oligarquía mediática insisten en el tema y, aún más, endiosan a ese personaje y a otros de su calaña como si fueran heroicos combatientes por la libertad. ¿Les suena la melodía? ¡Claro! Washington la empleó varias veces en el pasado: Combatientes por la libertad fueron los “exiliados” iraquíes que atestiguaron que el gobierno de su país estaba fabricando armas de destrucción masiva, a sabiendas de que tal cosa era una flagrante mentira. Pero sus testimonios fueron decisivos para que el Congreso de EEUU aprobase la declaración de la guerra contra Irak junto a José María Aznar y Tony Blair, siniestros cómplices del engaño que todo el mundo sabía era tal. [6] Antes habían utilizado la misma virtuosa categoría para exaltar la imagen de los “contras” nicaragüenses, convirtiendo a unos brutales mercenarios en heroicos luchadores por la democracia y los derechos humanos. Volvieron a hacer lo mismo con la “oposición democrática” a Gadaffi supuestamente bombardeada por este en Bengasi, un hecho que luego se demostró absolutamente falso pues el monitoreo satelital de la zona reveló que no existió tal bombardeo. [7] Pero la mentira surtió efecto y las víctimas de ese supuesto ataque rápidamente se convirtieron en valerosos combatientes por la libertad. Lo mismo está ocurriendo hoy en Venezuela, caracterizando como “preso político” a un señor como Leopoldo López que en realidad es un político preso, y que lo está por haber sido encontrado culpable del delito de sedición. 

En Estados Unidos, por ejemplo, esto configura un crimen federal y puede llegar a ser purgado con prisión perpetua y hasta con la pena capital si es que en los incidentes promovidos por los sediciosos para alterar el orden institucional o derrocar a las autoridades constituidas se produjeran víctimas fatales. Parecida es la pena contemplada en España (recordar el caso del Teniente Coronel Antonio Tejero, en 1981) a quien en principio se lo sancionó con prisión perpetua por haber intentado un incruento golpe de estado ocupando la sede de las Cortes, reteniendo a los diputados pero sin provocar el menor destrozo dentro y fuera del recinto. La sanción a López, en cambio, fue mucho más benigna pese a los destrozos producidos y las muertes ocasionadas: 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de prisión. Con el ánimo de reducir la crispación política en vísperas de la Asamblea Nacional Constituyente la justicia venezolana le concedió el benefició de la prisión domiciliaria. Tal como es habitual en estos casos su otorgamiento estaba regido por estrictas reglas, una de las cuales era abstenerse de hacer proselitismo político, norma que el líder golpista violó repetidamente y por eso fue devuelto a la cárcel. Lo mismo ocurre en EEUU cuando un reo sale de la cárcel bajo “parole” y viola las condiciones de la libertad condicional. Nada nuevo. 

El gobierno argentino, y otros de su mismo signo, insisten en la liberación del “preso político” Leopoldo López, mientras mantiene como prisionera política sin cargos y sin proceso, y en contra de los reclamos de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derecho Humanos, a Milagro Salta en la prisión de Alto Comedero, en Jujuy. Sin embargo, bastó que dijera que el retorno a la cárcel de López se ajustaba a derecho y era lo que legalmente correspondía para que un tropel de críticos se abalanzaran de nueva cuenta contra mi persona, haciendo lugar inclusive a la inserción en una de esa notas de ataques soeces y agraviantes extraídos de los mensajes enviados en las redes sociales, algo que yo al menos nunca había visto antes y que expresa el grado de putrefacción moral a que han llegado las oligarquías mediáticas en la Argentina y Nuestra América. [8] ¡Dixit, et salvavi animam meam!

Notas:
[1] Afortunadamente para la paz en Venezuela los líderes de Acción Democrática manifestaron días atrás que presentarían sus candidatos a las elecciones de gobernadores y alcaldes previstas para la segunda mitad de este año, rompiendo de ese modo el chantaje al que los tenía sometidos la fracción terrorista de la oposición. Es muy probable que en los próximos días otros partidos de la oposición adopten la misma postura.
[2] Ver su “En defensa de Venezuela”, en La Jornada (México), 28 Julio 2017
[3] https://www.state.gov/secretary/remarks/2017/08/272979.htm . Fue también publicado en España por el periódico digital Público: http://www.publico.es/internacional/crisis-venezuela-secretario-eeuu-dice-estudiando-forma-derrocar-maduro.html
[4] https://red58.org/la-cia-confirma-que-est%C3%A1-trabajando-para-derrocar-a-venezuela-c485f0754487
[5] Me permito recomendar la lectura de algunos libros que permitirán comprender un poco mejor el mundo en que vivimos y el papel que en él desempeñan los medios: Pascual Serrano, Desinformación. Como los medios ocultan al mundo (Barcelona: Península, 2009) y del mismo autor, Medios Violentos: Palabras e imágenes para el odio y la guerra (Madrid: El Viejo Topo, 2008).Ver también Denis de Moraes, A batalha da mídia (Río de Janeiro, Pao e Rosas, 2009)
[6] Ver el magnífico documental “Iraq: a deadly deception” que prueba todo esto. Ir a: https://www.youtube.com/watch?v=3fNkeOZlM4U 

[8] “ Atilio Borón aplaudió los encarcelamientos de opositores en Venezuela y en Twitter le respondieron”, en https://www.clarin.com/mundo/atilio-boron-aplaudio-encarcelamientos-opositores-venezuela-twitter-respondieron_0_HkGhBMRU-.html

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Alguien aun duda que Juan Manuel Santos no es de la misma pelambre que el paraco (su mentor) Alvaro Uribe Velez??


Articulo publicado originalmente en el portal de noticias Resumen Latinoamericano

Por Carlos Aznárez

Si hay un aspecto positivo de los graves acontecimientos que llevaron al presidente venezolano Nicolás Maduro a cerrar a cal y canto la frontera con Colombia, es que Juan Manuel Santos ha colaborado activamente en desenmascararse ante quienes aún tenían dudas sobre su real perfil represor y de estrecha ligazón con la reaccionaria burguesía colombiana. 

En estos días a Santos "se le soltó la cadena” (como decimos en Argentina) y le brotó a cara descubierta su autentica vena uribista, aquella que brillaba por todo lo alto cuando fungía de Ministro de Defensa del gran pope del narcotráfico y el paramilitarismo.

Ahora, como en aquellos años de plomo para los sectores populares, Santos embiste contra Venezuela Bolivariana, se burla de sus políticas inclusivas, desprecia la gigantesca anfitrionía con que Hugo Chávez Frías primero y ahora Maduro han recibido a más de 6 millones de colombianos, a quienes les entregaron su respectiva cédula de identidad y los hicieron propietarios de 180 mil viviendas de las 800 mil que ayudó a construir el socialismo bolivariano.

Rabioso, Santos amenaza a diestra y siniestra al pueblo venezolano, pero por elevación extiende su advertencia guerrerista hacia Ecuador, Bolivia y cuanto país no comulgue con sus patrones de Washington, esos a los que les pondera su permanencia en una decena de bases militares.

Con su comportamiento actual, recuerda Santos a aquel que en 2006 se calzó ropas militares y no se las quitó hasta el 2009, acompañando a Uribe Vélez en auténticas masacres de pobladores a los que se les aplicó la “ley de falsos positivos”, contabilizándolos como “bajas de la guerrilla” . Sus tropas (las “legales”) no le fallaron en operativos combinados con los militares de EEUU y asesores israelíes, intentando desmantelar los campamentos insurgentes. Sólo basta recordar los gestos y dichos de Santos festejando con sus muchachos, la invasión a territorio ecuatoriano para bombardear el sitio desde donde el Comandante guerrillero Raúl Reyes hacía esfuerzos para lograr la apertura de conversaciones de paz. Su cuerpo, aniquilado por las bombas santistas fueron la más dramática imagen de las intenciones pacificadoras de Uribe y su ministro de Defensa.

Ni qué hablar del otro “ejército”, el de la motosierra y las invasiones sangrientas a los poblados campesinos. Esas Autodefensas paramilitares auspiciadas por Uribe, pero toleradas hasta el hartazgo por Santos y sus generales. Allí y no en otro lado están las razones de los miles de asesinados y millones de desplazados, muchos de los cuales fueron recibidos en Venezuela como hermanos de sangre y de historia. Como deseaba Simón Bolívar, el padre de todos ellos a ambos lados de la frontera.

Hubo un momento confuso en todo este proceso conflictivo entre Colombia y Venezuela, y se dio cuando en las últimas elecciones Santos se disfrazó de paloma de la paz (el poeta universal Rafael Alberti desde el más allá lo estará maldiciendo), y se ofreció a propios y extraños como el hombre que podía frenar el avance uribista. Fueron momentos complicados para un sector de la izquierda colombiana y no pocos hermanos de similar pensamiento en el continente. Como suele ocurrir, se impuso la táctica de “votar al menos malo”, o como señalara un dirigente popular: “Si gana Uribe nos ejecutan al día siguiente, con Santos duramos un año”. Pero lo menos malo generalmente siempre termina demostrando que no trae nada bueno. Y así fue en este caso.  Santos espantó la blanca paloma de un cachetazo y se subió con todo a lo más alto de su talante prepotente y cínico.

Santos es Uribe y Uribe es Santos. No tengamos duda de ello. Son parte de la misma política de acumulación capitalista y pro-imperialista que soporta Colombia desde hace décadas. De a ratos confrontan y hasta aparentan un enojo definitivo, pero a ambos los sigue uniendo el espanto que ellos mismos provocan sobre la población campesina, obrera y estudiantil del país. ¿O acaso se diferenciaron a la hora de reprimir a los miles de movilizados durante los últimos paros agrarios? ¿O hubo desencuentros entre ellos cuando se trató de enviar a la prisión a dirigentes populares como Hubert Ballesteros, a los militantes de Marcha Patriótica o los recientes jóvenes luchadores del Congreso de los Pueblos?. ¿O alguien cree de buena fe que uno u otro no están detrás de las maniobras de corrupción, lavado de dinero y otras linduras que terminó con gran parte de ministros de los últimos gabinetes y figuras parlamentarias sometidas a juicio o enviados a prisión?

Tampoco piensan distinto Álvaro y Juan Manuel sobre el futuro de Venezuela, y en estos días Santos se ha encargado de reafirmarlo, cuando amenaza con llevar a las autoridades del país hermano a los Tribunales internacionales para juzgarlos “por crímenes de lesa humanidad” o atiza la braza buscando la caída del gobierno bolivariano y chavista, para que los John Kerry o los Obama de turno se apoderen del petróleo que tanto los desvela.

La escalada santista-uribista no se da en cualquier momento. Coincide con la ofensiva política, económica y militar imperialista en el continente, con el desembarco de marines en Perú, con las estrechísimas relaciones militares entre Paraguay y Uruguay con los Estados Unidos, que han derivado en asesoramiento in situ, y en grandes maniobras bélicas,  Así aparecen en la superficie programas como el Capstone (recientemente firmado por generales y almirantes yanquis con sus pares paraguayos), o los operativos de “capacitación conjunta” de expertos militares estadounidenses con uniformados del Uruguay de Tabaré Vázquez. Precisamente el mandatario que se comunicó con Santos -no a Maduro- para ofrecerse como mediador en el conflicto fronterizo.

Pero además, y esto es fundamental, detrás de toda esta furibundia del gobierno colombiano subyace la intencionalidad de más temprano que tarde, patear el tablero de la paz que subsiste en La Habana. A Santos no le interesa una paz con justicia social como aspiran las FARC, el ELN y la gran mayoría del pueblo colombiano. De allí que cualquier excusa, motorizada por el propio establecimiento del Palacio Nariño, les pueda servir para sus intenciones.

En este marco de gravedad que asedia a la Revolución Bolivariana, no caben medias tintas, y es por eso que la decisión -aunque tardía- tomada por el presidente Maduro de cerrar la frontera debe ser respaldada por todos los pueblos del continente. Pero también por sus instancias integradoras, como Unasur y la Celac, a las que hay que ayudar a desentumecer. 

Se trata de una razón de autodefensa lógica, planteada por un país al que le estaban robando gota a gota su economía mediante una guerra no declarada pero efectiva. Se trata de una medida sanitaria que busca destruir los bolsones de paramilitarismo y muerte implantados por el santísimo-uribismo al borde de Táchira, Zulia o en infinidad de bastiones de las grandes ciudades venezolanas.

Una nación que todos estos años ha derrochado solidaridad con cada pueblo o gobierno que la necesitara, con sus misiones de salud, de alfabetización o con ese proyecto fundamental que es Petrocaribe no se merece esta infamia, como tampoco la de recibir las críticas de ONGs que se autocalifican de “defensoras de derechos humanos”, como el CELS y la CGIL de Argentina o la decididamente golpista PROVEA de Venezuela. Sin duda, el lobby “demócrata" gringo no pierde tiempo en arrimar más leña al fuego.

jueves, 27 de agosto de 2015

La colombianada indignada con Venezuela

La histeria y patriotismo barato de “la colombianada”, esa facción mayoritaria de población descrita tan acertadamente en este articulo, ha alcanzado limites extremos por estos días como consecuencia del cierre de la frontera con Venezuela y las medidas de excepción adoptadas por el presidente Nicolas Maduro.

La “indignación” es exacerbada por los grandes medios prepago, ex presidentes, políticos activos y retirados, gobernantes locales, empresarios, comentaristas fletados de la extrema derecha colombiana y venezolana, y hasta por los que se hacen llamar lideres del progresismo.

Como “crímenes de lesa humanidad” califican los medios prepago y el procurador general la decisión soberna del gobierno de Maduro de deportar 1.100 colombianos, entre indocumentados y criminales. El presidente Maduro esta atacando al pueblo colombiano, nos odia, nos ha declarado la guerra,….. reza la propaganda que ocupa prácticamente todos los espacios de noticieros radiales, televisivos y medios escritos en Colombia.   

El gobierno de EEUU, solo en el gobierno de Obama, ha deportado mas de 2.000.000 de inmigrantes mexicanos y centroamericanos, destruyendo cientos de miles de familias (separando padres de sus hijos); no solo suspende el movimiento de personas y bienes entre Mexico y EEUU, cierra definitivamente miles de Km de frontera construyendo inmensos muros de concreto y despliega fuerzas de seguridad fronteriza que tienen ordenes de asesinar a quien se atreva a intentar pasar. Pero claro, de los actos criminales de su patrón no hablan los medios prepagos.


El ex presidente Gaviria recorre las salas de redacción de los medios prepago, vociferando burdas acusaciones contra Nicolas Maduro. Es el enemigo numero uno de los colombianos, dice.  Escuchen la patetica veroborrea, chillidos de Gaviria atacando al presidente Nicolas Maduro y defendiendo al narcoparaco Alvaro Uribe Velez; y a los periodistas prepago atizando el fuego:


El narcoparamilitar expresidente Uribe vocifera……….bueno, la verborrea de este psicópata no vale la pena mencionarla….produce retorcijones, da vergüenza. Tampoco vale la pena darle espacio a la verborrea de los ex presidentes Pastrana y Betancourt (si, el nefasto ex presidente Betancourt todavía está vivo para desgracia del país, por si no lo habían notado).

Todos, haciendo gala de su colombianada, exhiben un patriotismo patético, barato que les impide reconocer la situación económica y social de la población colombiana en la frontera, la guerra económica que fuerzas internas y externas libran contra Venezuela; mucho menos ver y entender la realidad de millones de colombianos que desde hace décadas viven en Venezuela, y las razones por las que se han refugiado en ese país.

El hecho de que prácticamente todo el comercio y en general la economía de las poblaciones fronterizas, y la sobrevivencia de sus habitantes, depende del contrabando de productos y combustible venezolanos, no merece una línea, un minuto de cubrimiento periodístico. La exclusión y el abandono estatal que han sufrido por décadas esas poblaciones, las mafias que se han apoderado del negocio del contrabando y el manejo cambiario, las incursiones y acciones criminales dentro de Venezuela por parte del narcoparamilitarismo uribista, tampoco conviene que se conozca.    


Al ex presidente Gaviria se le olvidó que los mas de 5 millones de colombianos que viven en Venezuela y disfrutan de los beneficios de la Revolución Bolivariana (trabajo digno, educación y salud gratuita, derecho a vivienda digna, seguridad, etc.), se vieron forzados a salir del país huyendo de la violencia degradada en las ultimas décadas, y de la miseria nacional que se agudizó como consecuencia de las medidas criminales económicas y sociales que adoptó su gobierno neoliberal.

Vean testimonios de algunos de los millones de colombianos que han sido acogidos fraternalmente en Venezuela:




 

domingo, 23 de marzo de 2014

La obsesión de la prensa prepago colombiana con Nicolás Maduro

Al margen de las diferencias políticas entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, la suerte de los habitantes de las dos naciones debe ser motivo de preocupación, no solo por los lazos históricos y de confraternidad que los une sino por sus estrechos vínculos comerciales.

La obsesión con la situación de Venezuela de las mafias políticas, elites económicas y de la gran prensa arrodillada colombiana, y particularmente la cizaña con que reproducen y amplifican la propaganda y montajes que produce la oligarquía venezolana, pareciera indicar que Nicolás Maduro es considerado el responsable de todas los horrores que ocurren a diario en Colombia; o peor aun, que en Colombia no ocurre ninguna tragedia y que por el contrario, la "paz y prosperidad" que disfrutan los colombianos se ve amenazada por lo que está ocurriendo en Venezuela.


Es acaso Nicolás Maduro el que se reúne con grupos de la oligarquía colombiana para planear acciones de sabotaje económico y violencia en contra del presidente Santos, con el objetivo de desestabilizar su gobierno y crear las condiciones para un golpe de estado o una intervención militar gringa?

Es acaso Nicolás Maduro el responsable de la extrema miseria y violencia que azota a la población de Buenaventura, donde los paramilitares se han apoderado de la ciudad y mantienen aterrorizada a sus habitantes mediante la práctica abominable de descuartizar a sus víctimas, lo cual ocurre cotidianamente y sin que ninguna autoridad se de por enterada?

Es Nicolás Maduro el responsable del abandono y miseria que azota a región pacifica en general; y en particular, al departamento del Choco, agravada aun más por estos días debido a los incendios de bosques en el área de Acandi, todo bajo la mirada indiferente del Estado y de la gran mayoría de colombianos?

Es Nicolás Maduro quien firmó los TLCs con EEUU, Canadá, Corea del Sur, la Unión Europea, y el que esta por firmarse con Méjico, Perú y Chile (la llamada Alianza del Pacifico),  los cuales están acabando con la industria nacional, liquidando la producción agrícola y aniquilando a los campesinos?

Es acaso Nicolás Maduro el que infiltra francotiradores y vándalos en todas las marchas y paros de campesinos, estudiantes y trabajadores, con el propósito de incitar violencia, vandalismo y así justificar la brutal represión y criminalización de los que dirigen y participan en las protestas?

Es acaso Nicolás Maduro el que, en contravía de tratados internacionales, condona y ejecuta la destitución de un alcalde elegido por voto popular, solo por el hecho de representar a un movimiento político de izquierda y por haberles quitado a empresarios privados el monopolio del negocio de recolección de basuras?

Es acaso Nicolás Maduro el que en los últimos 10 años ha ejecutado extrajudicialmente a más de 3.000 humildes colombianos para hacerlos pasar por guerrilleros y así mostrar resultados en la guerra contra la guerrilla?

Es acaso Nicolás Maduro el que permite que los pocos militares de alto rango que han sido judicializados (autores y ordenadores de las ejecuciones extrajudiciales) paguen sus supuestas condenas en bases militares acondicionadas como resorts, de las que pueden entrar y salir cuando se les da la gana, y a quienes convierten en billonarios a través de las inmensas comisiones que les dan contratistas testaferros de las FFMM, todo como pago por su silencio  para que no delaten a los generales?

Es acaso Nicolás Maduro el culpable de la negligencia e indolencia del estado colombiano con la población nativa de los llanos orientales, quienes no solo son víctimas de desplazamiento forzado y del saqueo de sus recursos naturales por parte de las multinacionales (los inversionistas extranjeros), sino de una catástrofe ambiental como la que se está evidenciando con la sequía que azota al departamento del Casanare?



Es acaso Nicolás Maduro el presidente del país que lleva más de 50 años con un conflicto interno sin resolver, y el cual ha dejado cerca de 300.000 victimas, cerca de 60.000 desaparecidos, 5.700.000 colombianos desplazados?

La respuesta por supuesto es NO. Pero la exageración en el cubrimiento y la distorsión de lo que verdaderamente ocurre en Venezuela es para los medios prepago un mecanismo de distracción muy efectivo para minimizar las tragedias, esas si reales y verdaderas, que afectan a la gran mayoría del pueblo colombiano. 

La verdad es que la situación económica, política y social de Venezuela es totalmente diferente a como la presentan los medios prepagos colombianos; de hecho muchísimo mejor que la de Colombia, en todos los aspectos. Por qué entonces el ensañamiento con Nicolas Maduro, ahora que está enfrentando planes golpistas por parte de las oligarquías y extrema derecha venezolanas apoyadas por el gobierno de EEUU.


Suena inverosímil pensar que la obsesión con Venezuela les alcance a los medios prepago, y al propio establecimiento, para hacer creer a un gran sector de la opinión publica colombiana que los responsables de las tragedias nacionales no son ni el presidente Santos ni su antecesor, para solo citar los presidentes mas dañinos que ha tenido el país durante los últimos 12 anos, sino el ex presidente Chávez y el actual presidente Maduro; el castro-chavismo, como se refieren en los círculos narcoparauribistas.  

Para poner un ejemplo muy reciente, acaso no han escuchado a quienes dicen que la crisis de Bogotá es producto de la influencia del castro-chavismo?

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