lunes, 26 de mayo de 2014

Elecciones 2014: Dilema de segunda vuelta no es entre guerra y paz sino entre rumbo definitivo al abismo y la última oportunidad de sobrevivencia

El proceso electoral colombiano y el triunfo del candidato del narcoparauribismo confirman lo que aquí se ha escrito en varias ocasiones. Que la inmensa mayoría, de la minoría de colombianos que votan, creen que el derecho de elegir a sus gobernantes es un ejercicio democrático genuino y que su voto realmente cuenta  a la hora de establecer las prioridades y sopesar los intereses colectivos una vez el elegido asume el poder.

A esa falsa premisa, hay que agregarle el hecho de que su decisión de por quién votar es en muchos casos forzada o inducida, influenciada por información tergiversada y manipulada que no coincide con la realidad, asi esa realidad la estén sufriendo, viendo en su cotidianidad. Los discursos triunfalistas no pueden alegar que sus electores votaron en conciencia si la información que les han suministrado y en la que basan su decisión es tergiversada, y en el peor y más común de los casos, opuesta totalmente a la verdad.
No de otra manera se explica que derechos humanos fundamentales como es el derecho a vivir en paz y dignamente, sea mezquinamente manipulado a tal punto que a millones de seres humanos les han inyectado la perversa idea de que la paz se logra ganando las guerras, esto es eliminando al “enemigo”.

En el caso colombiano la manipulación del derecho a vivir en paz ha superado los límites de la mezquindad humana. Asi es como se puede retratar lo que está sucediendo durante el proceso electoral en curso con miras a elegir al próximo presidente de Colombia. Con mayor o menor nivel de mezquindad, tanto la campaña del presidente candidato como la de su contendor han usado políticamente el derecho a vivir en paz que tienen todos los colombianos.

Los dos candidatos que quedan en la contienda electoral mienten cuando identifican solamente a la guerrilla como la causante de la violencia y miseria que azota al país. Los dos candidatos no solo encubren la violencia y el terror causado por el estado, sino el hecho incuestionable de que el origen y agudización de la miseria e injusticia social se deriva de las políticas económicas en favor de las elites locales y trasnacionales.

En ultimas, manipulan la información y juegan perversamente a la guerra contra la guerrilla para esconder el hecho de que el conflicto interno ha perdurado (o lo han hecho perdurar) por más de 50 años, simplemente porque la guerra no es contra un grupo de colombianos que decidió recurrir a las armas para defenderse de la violencia, el terrorismo y explotación estatal, sino contra todo el pueblo colombiano, como pretexto para, a través de la represión y violencia, mantenerlo a raya y asi asegurar que el control del poder estatal, la propiedad de las tierras y la explotación de sus recursos siga en manos de unos pocos privilegiados. 

No hay muchas diferencias en la manipulación perversa del conflicto entre las dos campañas presidenciales que se disputarán la presidencia el próximo 15 de Junio, pues al fin y al cabo los dos candidatos son fieles representantes de esas clases dominantes que buscan perpetuarse usando como pretexto precisamente la existencia del conflicto. El dilema de siempre de los colombianos:  votar por el menos peor o el menos dañino para el país.

No obstante, hay hechos reales como las negociaciones de paz que se desarrollan en La Habana que deberían considerarse a la hora de inclinarse por la re elección de Santos. No como una expresión de voto de confianza plena en sus reales intenciones en la mesa de negociaciones y en el proyecto de paz que tenga en mente, sino porque la dinámica y resultados parciales de las negociaciones, asi como la trascendencia que han tenido en el ámbito internacional, podrían influir para que en un segundo gobierno de Santos, los eventuales acuerdos que finalmente se plasmen en un documento se constituyan en el referente para el diseño de un pais mas justo, asi muchos de los cambios que resulten de las negociaciones no se puedan concretar en el inmediato plazo.

Quienes voten por Zuluaga no votarán por un proyecto alterno de paz como lo pretende vender su campaña. De hecho, lo que plantean no debe llamarse una propuesta alterna de negociaciones, pues no se puede hablar de “negociación” cuando lo que esperan es la rendición del enemigo; pero aun, cuando ese enemigo ha sido magnificado, usado perversamente y responsabilizado como el único causante de las desgracias del país.  Es una treta burda del narcoparauribismo pretender hacer creer que, aun en el evento de que las FARC acepten rendirse, entregar las armas y someterse a la justicia, el conflicto interno llegará a su fin y que todos los problemas sociales y económicos se solucionarán como por arte de magia. 
    
Es iluso pensar que aun con Santos se verán cambios significativos en la vida de la mayoría de colombianos, ni siquiera tal vez para quienes han sufrido directamente las consecuencias de la guerra, pero al menos, con un proceso de negociación política del conflicto en curso, persiste la esperanza de que en el corto plazo pueda haber un cese del asesinato de colombianos y que durante ese periodo nuevas fuerzas internas o fuerzas externas puedan coadyuvar a que el gobierno instituya unas mínimas reformas sociales y económicas, asi el modelo económico depredador y explotador continúe siendo el referente de las políticas macro.  

Nada de eso se vislumbra si el narcoparauribismo puro reasume el control del estado. La violencia y terror estatal se agudizarán desde el primer día de su narcogobierno. La “Colombia distinta” que promete el narcoparauribismo no puede entenderse sino como la culminación del proyecto de refundación de la patria, el cual se vio truncado tras el impedimento para la tercera re elección de Uribe. 

Esa Colombia distinta no está planteada pensando en el país como nación; ni siquiera pensando en los 3.5 millones de votantes que le permitirán volver al poder; de hecho solo una mínima fracción de esa masa de votantes será beneficiaria de ese proyecto guerrerista: los narco terratenientes que podrán recuperar y acumular ilegalmente más tierras, las mafias empresariales y financieras que ganan con cualquier candidato pues siempre le apuestan a todos los candidatos en contienda, los señores de la guerra (narcoparamilitares y altos mandos de las FFMM), y las mafias políticas en el congreso que aun habiendo apoyado a Santos, e incluso haber sido elegidos por la Unidad Nacional, estarán prestos a dar la voltereta y re acomodarse dentro del narcoparauribismo y asi garantizarle la mayoría aplastante que necesita para aprobar todos los proyectos de ley que presentará su presidente títere.   

Por fuera de la masa electoral también hay muchos buitres y halcones frotándose las manos y cruzando los dedos para que el narcoparauribismo retome el poder: los mercaderes de la muerte, léase los fabricantes de armas y equipos de guerra; los denominados inversionistas extranjeros que quieren más gabelas tributarias, garantías jurídicas e inmunidad para saquear los recursos; y por supuesto, el gobierno gringo que por ser el depositario del prontuario criminal de Uribe (y por ende su protector contra su enjuiciamiento), será quien realmente definirá las políticas económica, militar e internacional de su tercer mandato (más bases militares, rompimiento de relaciones con Venezuela, centro de operaciones para una eventual intervención militar contra Venezuela, más gabelas para sus multinacionales, incremento de la deuda,…)  

La gran mayoría de electores no escaparán a las persecuciones, desapariciones, desplazamiento, asesinatos selectivos y ejecuciones extrajudiciales que volverán a ser crimines de estado cotidianos, una vez retomado el poder. Sus victimarios no les preguntarán o pedirán prueba de que votaron por Uribe al momento de su ajusticiamiento.


jueves, 15 de mayo de 2014

Democracia en Colombia - Un grotesco espectáculo electoral y un pueblo hipnotizado

Por qué los colombianos toleramos, permitimos tanta mentira disfrazada de verdad, condición que es utilizada por los psicópatas mentirosos que ostentan el poder para justificar y/o defender sus actos de corrupción, crímenes y toda clase de acciones de gobierno destructivas y en contra de los intereses de todos los colombianos?

Tal vez la mejor explicación a este fenómeno de acondicionamiento y aletargamiento mental la dio el premio nobel de literatura de 2005, Harold Printer, quien en su discurso durante la ceremonia de recibo del premio expresó: “el grado de nuestro adoctrinamiento es un brillante, incluso ingenioso y altamente exitoso acto de hipnosis, como si la verdad nunca ocurriera asi la veamos que está ocurriendo [frente a nuestros ojos]”.

Nada más claro y oportuno para describir el estado mental que predomina en la inmensa mayoría de colombianos y que se refleja con mayor intensidad en época electoral: viven en un absoluto estado de hipnosis. 

No de otra manera se puede explicar la energía y tiempo que los colombianos dedican, (malgastan) pendientes del grotesco espectáculo politiquero del momento y, peor aún, que sea la verborrea y mentiras que escuchan durante las campañas políticas, lo que determina su posición política y decisión de votar por uno u otro de esos candidatos farsantes, que en últimas representan a la misma camarilla de rufianes.



El caso más patético se revela por estos días con ocasión de las mutuas acusaciones entre las campanas del narcoparauribismo y la del santismo.  No es que las acusaciones per se sean falsas, o simples acciones políticas de guerra sucia como las minimizan los medios prepago.  La historia y hechos que ocurren a diario demuestran que tanto unos como otros  han estado siempre estrechamente ligados al mundo del narcotráfico, al crimen organizado y a las mafias políticas y económicas trasnacionales que en conjunto son las que determinan a quienes ponen a la cabeza del gobierno de turno, todo dentro de un sistema político y económico corrupto diseñado para que solo representantes serviles e incondicionales defensores de sus intereses se roten el poder.

Esta es la primera y más importante verdad que hay que comprender, y como tal no se puede permitir que los politiqueros, en complicidad con sus medios prepago, la escondan, manipulen o entierren. 

Solo cuando esta verdad es entendida e incorporada en nuestra mente es que se puede interpretar y desenmascarar la otra categoría de acusaciones entre uno y otro bando, y que pretenden presentar como muestra de sus diferencias de tinte ideológico. Entre estas, las más patéticas son las que viene haciendo el narcoparaco Alvaro Uribe Velez en sus correrías promoviendo la candidatura de su títere Oscar Iván Zuluaga. Veamos algunas de estas burdas acusaciones, y algunas de sus falsas y cínicas promesas de campaña:  

  • El presidente Santos es el candidato del castro-chavismo, del petrismo y de la “far”;
  • Santos le terminará de entregar el país a la guerrilla
  • La paz solo es posible cuando matemos al último de los guerrilleros;
  • Solo con seguridad democrática habrá prosperidad para todos;
  • Nuestra prioridad será el apoyo al campo y a nuestros campesinos;






……………………………….

Y por el lado del santismo:
  • En mi campana del 2010 no entró ni un centavo del narcotráfico, dice Santos
Claro que entraron millones de dólares, como han entrado siempre en todas las campañas legislativas y presidenciales que antecedieron la de Santos. Es apenas inherente a la naturaleza mafiosa del Estado desde que el narcotráfico se enquistó en la vida política, social y económica del país; monstruo que por lo demás, es un engendro de las políticas de guerra contra las drogas disenadas y promovidas por el gobierno gringo.





Por eso no es osado pensar que la negociación del narcoparaco conocidos con el alias de Comba no tenía como fin su entrega a las autoridades colombianas.  Su objetivo era que Santos le acelerara su proceso de extradición a los EEUU, y lo lograron. Múltiples hechos recientes demuestran que a los narcoparacos les ha ido muchísimo mejor en los EEUU que en Colombia. Allá si acaso pagan cárcel por unos pocos años, periodo durante el cual culminan negociaciones con autoridades gringas (les entregan buena parte de sus fortunas,…o más exactamente, las comparten con los gringos), y luego salen libres, aun millonarios, se quedan a vivir en EEUU, e incluso son tratados mucho mejor que un inmigrante honrado. 

Mas sobre el santismo:
  • Los TLCs traen inmensos beneficios para todos los colombianos;
  • La justicia es autónoma y eficaz;
  • No descansaremos en combatir la corrupción;



Toda esta sarta de burdas acusaciones y mentiras no tendría ningún efecto en la vida de los colombianos si no fuera por la amplificación que les dan los medios prepago del sistema, cuya misión es manipular las verdades y hechos cotidianos que ellos perciben como amenaza para la perpetuación del sistema corrupto, el que a su vez los enriquece y sostiene como un poder detrás del poder gubernamental. 




Y es que la propaganda que utilizan estos medios prepago para presentarse como medios independientes es de hecho otra de las grandes mentiras. No se requiere sino una pizca de cerebro para desenmascararlos cuando se escucha por ejemplo la propaganda de BluRadio, que con toda la desfachatez, se autoproclaman como ejemplo de “periodismo independiente, con contexto, que no es amigo del poder sino que lo vigila….”, etc., etc.  Su farsa se desploma cuando se conoce que sus dueños, la familia Santodomingo, son precisamente miembros de las elites/clanes familiares y mafias políticas y empresariales que eligen, usufructúan y sostienen el sistema corrupto que dicen vigilar. 

Tanto para los políticos como para periodistas colombianos,  razonamiento como el que guiaba las actuaciones del criminal de guerra Henry Kissinger (tan admirado y venerado en Colombia), está también enquistado en sus mentes: “lo que importa no es lo que es verdad sino lo que es percibido como verdad”.

Para terminar, volviendo al discurso del premio nobel Harold Printer, vale la pena resaltar el siguiente aparte:

“La mayoría de los políticos, con base en la evidencia disponible, no están interesados en la verdad sino en el poder  y en el sostenimiento de ese poder. Para mantener ese poder es esencial que la gente continúe siendo ignorante, que el pueblo viva ignorante de la realidad, incluso de la realidad de sus propias vidas.  Lo que nos rodea por lo tanto es una inmensa alfombra de mentiras, de las cuales nos alimentamos.”



lunes, 5 de mayo de 2014

El país prospero de Santos – Corrupción rampante, origen de generación de nuevos ricos

La prosperidad democrática del gobierno de Santos es real. Pero no para la gran mayoría de colombianos sino para una pequeña fracción conformada por altos mandos militares, directivos y funcionarios de instituciones del estado (gobierno y rama judicial), miembros del congreso, abogados y miles de ejecutivos y empleados de multinacionales y empresas privadas locales que cual sanguijuelas viven de contratos con el Estado.




Y no estamos hablando de una corrupción "en sus justas proporciones" como en la época del gobierno de Turbay,  sino de la corrupción extrema, rampante que trajo consigo la seguridad democrática y confianza inversionista de los últimos dos gobiernos.

En este nuevo pozo séptico las cifras que se manejan ya no son en millones sino en cientos de millones de pesos, e incluso en millones de dólares; y de esa repartija están usufructuando asesores cercanos al presidente Santos (por supuesto, también usufructuaron los cercanos a Uribe), generales y oficiales de alto rango de las FFMM, jueces y magistrados de las altas cortes y fiscales que llevan casos relacionados con narcotráfico y paramilitarismo; asi como altos funcionarios de entidades como la Agencia Nacional de Minería, la Agencia Nacional de Hidrocarburos, la Dirección Nacional de Estupefacientes, la Dirección Nacional Penitenciaria, las superintendencias, contralorías, procuradurías, y prácticamente todas las _ias...

Veamos algunos ejemplos de cómo y de donde han surgido estos nuevos billonarios...

El jugoso negocio de la guerra



Escandaloso para los estándares latinoamericanos (incluso globales) es el presupuesto que destina Colombia para mantener la guerra interna que ha sufrido el país por más de cincuenta años.  3.4% del producto interno bruto nacional (el porcentaje más alto de América Latina), esto es $24.300 billones de pesos (US $13.000 millones), de los cuales la mayor parte están destinados a millonarios contratos en US$ para la adquisición de equipos y armas para la guerra (incluidos aviones, drones, helicópteros, bombas inteligentes, aparatos sofisticados de espionaje) y contratos logísticos con proveedores locales e internacionales.

De esta danza millonaria de contratos se han beneficiado generales, coroneles, civiles asignados a las dependencias de contratación y hasta amigos cercanos al presidente Santos. De ahí que no sea extraño ver que ahora los generales y otros oficiales de alto rango disfrutan su retiro en grandes haciendas y casas campestres, como inversionistas de grandes empresas, o dueños de sus propias empresas de seguridad. Entre los beneficiarios de este pozo séptico también están los militares presos por los horrendos crímenes denominados falsos positivos quienes supuestamente pagan sus condenas muy cómodos en centros de detención tipo resorts dentro de las bases militares y quienes reciben periódicos pagos millonarios por su silencio dentro de las investigaciones que involucren a sus superiores.

El pozo séptico en el sector salud y superintendencias

A este pozo séptico, llevado al reboce  durante las últimas dos administraciones,  descargan las tuberías putrefactas de las entidades que manejan los sistemas de salud y financiero principalmente. Como ejemplo del primero hay que resaltar el robo billonario por parte de las EPS, con complicidad de gobierno por supuesto, principalmente el caso de SaludCoop, no solo por el escandaloso monto que se robaron de las arcas públicas a través de cobros por medicamentos, servicios no prestados, o prestados pero sobrefacturados, y que hasta los medios prepago comentan, desfalco que se dice asciende a los $2 billones de pesos.

Para que este tumbe prosperara los bufones de las EPS tuvieron que contar con la complicidad de funcionarios del sector salud, quienes debían aprobar las cuentas de cobro y reintegro chimbas que les pasaban, obviamente no gratuitamente sino mediante el pago de abultadas coimas. Esos funcionarios del ministerio de Salud, y de la superintendencia, como mínimo se embolsillaron el 10% del monto del desfalco, esto es $200.000 millones de pesos. Un monto tan grande alcanza para que los ricos se vuelvan más ricos y surjan nuevos ricos entre los altos ejecutivos y empleados de las mismas EPS.

El presidente de SaludCoop, Carlos Palacino, por ejemplo pasó de la noche a la mañana a ser gran inversionista de lujosos proyectos campestres en los llanos orientales.  Los abogados que asesoraron a las EPS en la presentación ante el congreso  de proyectos de ley favorables a sus intereses económicos también salieron con las cuentas bancarias gordas, entre ellos el actual fiscal, cuyos honorarios recibidos ascienden a los 2.000 millones.




Los pozos sépticos en las agencias para la minería, de hidrocarburos y de licencias ambientales

Aparte de los bufetes de abogados y lobistas, los nuevos millonarios producto de la danza de millones de la confianza inversionista hacen parte de las nóminas en las recientemente creadas Agencia Nacional de Minería, Agencia Nacional de Hidrocarburos y Agencia Nacional de Licencias Ambientales.  A jefes y funcionarios de estas entidades les tocó la torta de los múltiples proyectos concesionados a las multinacionales, principalmente; pero también la bonanza de millones que los grupos paramilitares repartieron (y siguen repartiendo) para que se hagan los de la vista gorda con la explotación ilegal de minas de oro usurpadas a los mineros locales tradicionales. Ganaron por lado y lado. Por cuenta de los paracos convertidos en mineros, por un lado; y por cuenta de las multinacionales, agradecidas porque les ayudaron a limpiar las áreas concesionadas de los revoltosos campesinos que habían vivido de la minería tradicional por décadas.

La renovación de la concesión de Cerromatoso y el costo de la deferencia con la que tratan a la Drummond, son solo dos de los casos para resaltar en esta repartija de millones entre funcionarios del sector público. Sumas tan abultadas que han tenido la osadía de ignorar evidencias irrefutables de los daños ambientales y sociales ocasionados causados por estas dos multinacionales. Y la lista es larga: Pacific Rubiales, Continental Gold, Gran Colombia Gold, Gold Ashanti, etc..

Seguir con la lista de pozos sépticos de corrupción llenaría muchas páginas. Mucho más podría decirse por ejemplo de la danza de millones que han producido nuevos billonarios en la Aduana Nacional, la Dirección Nacional de Estupefacientes, el INCODER, e incluso en las oficinas que manejan los programas bandera del gobierno de Santos: restitución de tierras, vivienda gratis,…

El poder de compra de estos nuevos ricos, que al lado de los tradicionales y ahora mucho más ricos ya alcanzan a representar el 1% de la población colombiana, es el que ha producido la proliferación de nuevos y lujosos centros comerciales, que ya nada tienen que envidiarle a los que hay en Norte América y Europa, y que se han construido no solo en las grandes ciudades capitales sino en ciudades intermedias.

Cualquier extranjero que visite uno de esos centros se llevara una falsa imagen del país. Allí los ricos tradicionales y nuevos ricos son la gran mayoría de visitantes; los pocos pobres que los frecuentan si acaso van a vitrinear pues sus ingresos están muy lejos de poder comprar ni siquiera un helado. 

Sin duda, el extranjero saldrá con la idea de que el país próspero de Santos es real.

martes, 29 de abril de 2014

Los malabarismos de Santos durante los paros agrarios…...y durante todo su nefasto gobierno

El gobierno de Santos no evoluciona, ni siquiera en sus estrategias para manejar las protestas sociales. El paro agrario que se desarrolla en estos días lo demuestra una vez más.


Como no tiene respuestas serias ni convincentes a las demandas de los campesinos, recurre a las viejas y burdas tácticas de estigmatizar y criminalizar sus protestas, acusando a sus organizadores de ser agentes de la guerrilla o de permitir la infiltración de guerrilleros, o de perseguir intereses políticos individuales, para solo mencionar algunas de las burdas acusaciones.



La novedad con ocasión de este paro es que la campaña de estigmatización ya no solo es liderada por sus pirómanos en el ministerio de defensa y en la cúpula de FFMM y de policía, sino también por todo el resto de instituciones del estado. Hasta a una fundación que supuestamente trabaja por los ciegos la han puesto a tuitear en contra del paro.

Pero más allá de estas ridículas tácticas, lo que hay que reprocharle al gobierno son sus recurrentes salidas en los medios prepago tratando de desvirtuar el sentido y objetivos de las protestas dizque por su carácter político.  Por ignorancia o como estrategia de manipulación y crear confusión,  Santos parece entender que el ejercicio de la política solo está circunscrito a la actividad politiquera de los partidos políticos, principalmente a sus campañas en anticipación de elecciones, las cuales no son más que promesas vacías y cínicas cargadas de mentiras.




Santos parece no comprender que todo movimiento social tiene un carácter político, entendido este como la búsqueda y exigencia de reivindicaciones sociales ante un gobierno no solo indolente sino que no representa ni defiende los intereses de la inmensa mayoría de la población. Y frente a la sordera y negligencia del establecimiento, las demandas de justicia social no tienen otra opción que elevarse mediante la organización colectiva y las protestas masivas en calles y carreteras de las clases sociales marginadas.




En Colombia y en cualquier parte del mundo, las demandas y luchas del pueblo por justicia y equidad social, por un país en paz y soberano, no pueden entenderse como separadas de las estructuras políticas y de poder que históricamente han sido precisamente los causantes de la violencia y de todas las injusticias sociales que sufre el pueblo colombiano. De ahí que un grupo de campesinos, que han sido sistemáticamente marginados y perseguidos por el estado, hayan optado por acudir a la lucha armada como único medio para presionar al establecimiento a cambiar de curso.  Guerrilleros, comunistas, terroristas, narcoterroristas,….son los términos con que artificiosamente se han referido siempre a unos grupos de colombianos que se organizaron como movimiento político en armas hace más de 50 años, como última opción para defenderse de un aparato militar y policial que siempre ha estado al servicio de las clases dominantes y sus patrones extranjeros.

La estrategia de referirse a movimientos políticos alzados en armas como grupos ilegales, bandidos, delincuentes,…y más recientemente, como narco terroristas, no es gratuito.  Eso le permite al establecimiento desviar el verdadero sentido de su lucha y confundir al resto de población presentándolos como enemigos de la “democracia” y de la paz.  Esa propaganda le ha permitido al establecimiento mantener al país, por más de 50 años, en un estado de continua miseria,  guerra y explotación; el cual además de los réditos políticos para justificar su afianzamiento en el poder, les ha traído inmensos beneficios económicos,…..las guerras con enemigos externos o internos se convirtieron en el negocio más lucrativo del sistema capitalista.

Esperar que las FARC no participen o promuevan los paros y protestas sociales es de una miopía extrema.  A pesar de la propaganda del establecimiento para desprestigiar la lucha armada, un inmenso sector de la población rural apoya o se identifica con las reivindicaciones sociales que constituyen el núcleo del programa político de las FARC.  Reivindicaciones que no son distintas de las que a través de los paros campesinos están siendo ahora más visibles y reconocidas por el resto de la población.  Ese tal vez sea el temor más grande del establecimiento: que la sociedad en general se despierte y reconozca que, en esencia, lo que están reclamando los campesinos es lo que por más de 50 años  han reclamado los grupos guerrilleros;  de hecho,  son puntos que ya han sido discutidos y preliminarmente acordados en la negociaciones en La Habana.


Si la voluntad del gobierno de Santos en buscar una salida política al conflicto interno es realmente honesta y seria, cuál es entonces el temor de que los campesinos organizados colectivamente estén reclamando lo que precisamente se está negociando en La Habana?

Por qué la estrategia de la estigmatización de las protestas con el cuento de que estan infiltradas por las FARC o que su objetivo es político, si es con las FARC con quienes precisamente  se están negociando esas reivindicaciones?

No es apenas lógico que las FARC busquen a través de las marchas y paros pacíficos de los campesinos posicionar aún más sus propuestas agrarias presentadas en La Habana?

Con un proceso de negociación de la paz en curso, la estrategia de la estigmatización y criminalización de los movimientos sociales recurriendo al “monstruo” de las FARC, ya no se la cree nadie, se cae por su propio peso.  Peor aún si el objetivo es crear el escenario para reprimir, cometer abusos de derechos humanos, judicializar  y hasta asesinar campesinos, con el argumento de que la guerrilla es quien crea el caos y la violencia durante los paros.  


ColectivoBrecha
Rechazamos atentado contra negociador de la MIA: Henry Camacho. Esta oligarquía asesina dirigentes por que no aguanta un debate politico.
2014-04-29, 8:41 PM

Serán tan estúpidos los de las FARC como para cometer semejantes disparates?

viernes, 18 de abril de 2014

Como recordar a Gabo: por su obra literaria y su realismo mágico o por su indiferencia con la realidad colombiana?


Como es apenas natural la gran mayoría del pueblo colombiano lamenta el fallecimiento de Gabriel García Marquez. No obstante, facciones de la extrema derecha narcoparamilitar también aprovechan la ocasión para vociferar acusaciones que en vida nunca le hicieron, al menos en publico: que se vaya al infierno por ser “comunista” e intimo amigo de Fidel Castro,  por apátrida, y hasta por guerrillero.

Tienen razón la mayoría de colombianos al expresar consternación por las patéticas acusaciones que circulan en las redes sociales, cuyos autores se identifican como serviles defensores del narcoparauribismo; lo cual de por si se constituye en una afrenta contra la memoria de Gabo.


Pero el rechazo unánime que hay que expresar a las criticas del narcoparauribismo no implica que a Gabo haya que blindarlo contra otra clase de cuestionamientos.  El mas relevante para Colombia: su cohabitación casi cómplice con las oligarquías mafiosas y clanes familiares que han ostentado el poder desde la misma independencia; quienes, generación tras generación, incluida la de Gabo, han  sido los causantes y arquitectos de la destrucción, violencia y miseria que azota al país,  del saqueo continuo de sus recursos naturales y patrimonio económico, así como de la rendición servil para con el gobierno de EEUU y sus multinacionales.

Lo irónico es que quienes patéticamente cuestionan a Gabo por sus supuestas ideologías políticas de izquierda y su indiferencia con Colombia, son precisamente engendros de esas mafias políticas y clanes familiares con las que Gabo nunca tuvo una posición contundente de critica, menos de denuncia.  Los continuos homenajes, y elogios de los que siempre fue objeto lo mantuvieron no solo ausente sino indiferente de la cruda realidad que ha vivido la inmensa mayoría  del pueblo colombiano.  Realidad que pudo ayudar a transformar positivamente, si por lo menos su voz y sus escritos, dado su reconocimiento internacional,  hubiesen sido utilizados para denunciar a los arquitectos y causantes de las injusticias sociales y violencia que predominan en el país, quienes para un personaje como él que se identificaba con ideologías socialistas, debieron ser plenamente conocidos.

Ni siquiera los crímenes y corrupción estatal que durante el narcogobierno de Uribe, alcanzaron niveles de “realismo mágico”, fueron suficientes para despertar la indiferencia de Gabo con sus connacionales: ni una critica, menos una declaración publica condenando a los autores de los falsos positivos, las desapariciones forzadas, los millones de desplazamientos forzados, los asesinatos selectivos de defensores de derechos humanos, periodistas independientes, sindicalistas, lideres políticos, la persecución y espionaje en contra de opositores políticos, etc., etc.

Tal vez no haya que poner en duda sus ideologías políticas de izquierda y sus deseos porque los colombianos logren vivir en paz. Pero sus gestiones por la paz no fueron mas allá de los deseos y alguno que otro acercamiento con gobernantes de turno exhortándolos, facilitando e incluso intercediendo con gobiernos extranjeros para que exploren soluciones políticas al conflicto. 

Con cientos de miles de crímenes cometidos por un estado cooptado por las mismas mafias políticas y oligarquías que lo adulaban y homenajeaban, muchos guardábamos la esperanza de que Gabo, por lo menos en sus últimos años de vida, hubiese tenido el arrojo de expresar abierta y públicamente lo que pensaba de esas elites mafiosas y oligarquías colombianas. No lo hizo ni siquiera con quienes lo injuriaron y trataron de desacreditarlo cuando fue forzado a exiliarse en Mexico: los buitres del diario El Tiempo. Tal vez se sintió intimidado al ver que uno de esos buitres es ahora el presidente de Colombia.

Ya muerto, ni siquiera podrá ver la hipocresía y cinismo de esa sociedad mafiosa que tanto lo aduló resaltando su amistad intima con Fidel Castro.  Amigo cercano al que siempre se han referido como dictador, terrorista, promotor de la guerrilla, y hasta causante de la violencia que azota al país.



Se fue Gabo, el país seguirá en guerra y su pueblo sumido en la miseria, la opresión, la exclusión social. En otros rincones del mundo, incluso en el vecindario, otros personajes, mucho menos reconocidos que Gabo, han sido artífices de grandes transformaciones sociales y políticas.


Tras su muerte, sentimientos encontrados nos embargan: profunda admiración por su talento y legado como escritor; una gran frustración por su indiferencia con la realidad colombiana,…..prefirió vivir en su “realismo mágico”,…. en un mundo de fantasías y leyendas literarias.

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